Hace unos días leí que alguien en Twitter (no recuerdo quien) escribió algo parecido a esto; “No vi a Caszely, no recuerdo haber visto a Barti, pero me quedo tranquilo, porque puedo decir que vi jugar a Paredes”
por Desiree Cruz L.
Cuando leí ese twitt, aparte de encontrarle razón irrefutable, pensé en lo afortunada que soy; “Por lo menos en algo que me ayude la edad”-Dije- Porque tuve la suerte de ver jugar a leyendas e ídolos del cacique. Estoy segura que vi jugar a Caszely, pero no lo recuerdo; sí recuerdo al Cóndor, a Barti, a Espina… Es impagable haber visto jugar a Barti ese 5 de Junio de 1991 en el Monumental ahí en vivo y en directo, ¡Qué día más hermoso! es algo que siempre agradeceré a la vida y a mi padre que me regaló la entrada.
Pero sobre eso, me detengo un rato a pensar, y me vuelve a hacer sentido aquel twit que leí… Yo vi jugar a esos “monstruos” de Colocolo, pero era pequeña, no tengo recuerdos claros de cómo llegaron a ser ídolos, de cómo se fueron forjando en el camino… obviamente tengo imágenes que no olvidaré nunca, Barti “ajustándose” el hombro dislocado para seguir jugando, centrando sin zapato, llorando su gol triste; Espina, arengando a no sé cuál Colocolo (disculpen la memoria frágil) porque iba perdiendo y sus compañeros estaban decayendo, gracias al cabezón, dieron vuelta el resultado; la imagen ya archiconocida del 8 con el banderín del córner en la mano, el Cóndor planeando y haciendo suya la pelota como si se conocieran de siempre, como si tuvieran un secreto entre los dos que nunca contarían y que nunca contaron al resto de la gente.
Tengo esos recuerdos y los guardo como cuando era cabra chica y guardaba mis Barbies con recelo y con cariño. Pero con Esteban, con Esteban es distinto; estoy consciente, cien por ciento consciente de cómo se hizo ídolo, de cómo llegó para cambiarnos la vida, de lo que sufrimos cuando se fue y como nos volvió a cambiar la vida con su regreso; Porque Paredes se fue a México siendo un referente y volvió para graduarse de ídolo colocolino.
Apenas llegó comenzó a taparnos ese vacío que teníamos luego de la partida de Lucas, comenzó a ganarse nuestro respeto a punta de goles, garra, talento y por sobretodo amor al indio que lleva en el pecho.
Porque Esteban no es un jugador cualquiera en la historia de Colo-Colo, tiene esa magia que acompaña al que está destinado a ser ídolo, se nota en la cancha, cuando entra, cuando corre, cuando da un pase, cuando elude, cuando con frialdad de goleador calcula la situación antes de patear la pelota y mandarla a la Red.
Y así, con la frialdad sabia y calculada de los líderes natos, más su amor irracional e incondicional de colocolino, se dispuso volver con una sola meta, Ganar la esquiva 30. Puso ese número en su dorsal porque en su mente de leyenda sabía que lo íbamos a lograr, no le importaron las posibles burlas, no pensó un minuto en el fracaso. La estrella sería nuestra.
Y nos contagió de confianza a nosotros y nos volvió a regalar su magia en cada partido, y por supuesto, la 30 le hizo caso y bajó para quedarse.
¿Cuando se graduó de Ídolo?
Yo creo que cada colocolino tiene distintas respuestas, para mí fue hace no mucho… Cuando vi su segundo gol contra Atlas allá en México, ¿Por qué? Porque por una milésima de segundo, al verlo como elude a Vilar, como danza con la pelota frente al arco, me recordó a Caszely. Se fundió la imagen de ambos en mi cabeza y dije “Este, ya no es referente; es ídolo”
Esteban nos ha regalado mucho, y en su humildad, incluso ahora cuando el fin de semana marcó el récord histórico de ser Penta Goleador del fútbol chileno, él agradece; agradece al fútbol y a la vida, y eso lo hace aún más grande.
Esteban es un jugador que demuestra en la cancha todo lo que el hincha colocolino busca en sus jugadores, luchar incansablemente, correr hasta quitar o recuperar el balón, entregar resultados, aprovechar las oportunidades, ser responsable y correcto, arengar al equipo, tener cabeza fría y sangre en las venas , dar vuelta partidos, y por sobretodo, sentir al cacique, vivirlo, amarlo; saber que esa camiseta que llevas puesta no es cualquier camiseta, esa camiseta, representa lucha, fuerza, raza, nombre y por sobretodo historia; esa, que a muchos ha pesado y les ha quedado grande, a él le calza perfecto.
Y es por ese calce perfecto que deseo que Esteban no se vaya nunca más, que se quede por siempre, porque nos hace falta cuando no está, porque nunca sobra en la cancha, porque es ejemplo, porque ya es parte de nuestra historia, porque se merece cualquier reconocimiento; porque de todo corazón espero que, cuando llegue el momento, se le despida como se debe, como el grande que es, como aquél que se ganó gracias a su esfuerzo, compromiso y talento, el ser recordado por siempre.
Quiero que siempre se le recuerde, porque Esteban dijo una vez que desde que veía los partidos ahí en Arica, saltando sobre el tablón, juró que cumpliría su sueño, juró que algún día jugaría por el club de sus amores, y lo cumplió. Cumplió su sueño y de la mano de éste nos regaló algo a nosotros, algo que va más allá de sus goles, algo que va más allá de un clásico ganado, algo que va más allá de un goleador de campeonato; Esteban nos regaló la dicha de ver jugar a un ídolo, y eso señores no cualquiera puede lograrlo.
Gracias Esteban Efraín Paredes Quintanila, muchas gracias.
