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El año 2004 llegaba a la banca popular «el Polaco» Ricardo Mariano Dabrowski. Ese año fue, sin lugar a dudas, uno de los más prolíficos en materia de fichajes fracasados. Sin embargo, uno de ellos quedaría en el recuerdo de los hinchas, por su simpatía y sobre todo por su nula eficacia frente al arco rival. Del Nueva Chicago trasandino llegaba Adrián Fernández, apodado el Carucha. Esta es la historia de su fracaso en el equipo más grande de Chile, donde nunca debió haber llegado.
Si existe una especie de niño símbolo de las malas contrataciones en el Cacique, ese rótulo debe llevarlo, y con extrema justicia, Adrián Carucha Fernandez. Sus primeros pasos (no podríamos decir gambetas) los dio en el barrio Mataderos de Buenos Aires, en las instalaciones del Nueva Chicago trasandino. En dicho club debutó en el profesionalismo el año ’98, para salir a préstamo a Ferrocarril Oeste para ganar experiencia en el ascenso, donde estuvo hasta el año 2000. Su vuelta a Nueva Chicago se extendió hasta el año 2003 con escaso éxito, pasando al Porvenir, club con poca tradición en el balompié che y que militaba en la tercera categoría del fútbol de la ANFA.
Grande fue la sorpresa de los hinchas albos cuando su particular estampa (su apodo lo debe a una cara desproporcionada, lo que en Chile se llama Cabezón a secas, pero bueno) apareció por Macul. Frente a los micrófonos el muchacho era un crack. Prometiendo goles, esfuerzo y garra intentaba ganar la indulgencia de los hinchas.
Bastó verlo un par de minutos en cancha para constatar in situ que sus palabras y promesas eran solo buenas intenciones sin base cualitativa. Habiendo pasado 12 años desde su paso por los pastos de Pedrero los hinchas son capaces de recordar a un jugador que no escatimaba esfuerzos por entregar innumerables bloopers. Le paso a recordar tres.

Su debut en el equipo del indio en el pecho fue nada más que ante el archirrival. Mediando el segundo tiempo y con el Cacique en busca del triunfo Carucha regaló su primer gran anécdota. Tiro de esquina servido al primer palo, tras un pivoteo en el primer palo, el balón queda a merced del buen Adrián. Las 20 mil personas que estaban en el estadio y los miles que lo veían por televisión, nunca pudieron descifrar qué diablos fue lo que intentó el delantero. Era una pelota para empujar de zurda, casi sin moverse. Pero Fernández, chico que siempre pensaba en el espectáculo, intento regalar un gol con algo más de estilo, intentando una fallida palomita, y terminando hecho un ovillo en el área azul y acompañado por las risas del respetable.
En un partido, contra el siempre complicado Rangers de Talca, Colo-Colo contaba con la inmejorable ocasión para abrir la cuenta a través de la pena máxima. En la cancha estaba Gonzalo Fierro, conocido por su buena pegada. Pero la incesante búsqueda del gol que caracteriza a todo delantero hizo que el prospecto de ídolo albo tomara la pelota. Recordado por todos es el penal ejecutado por el «7» albo. En el audio de uno de los noticieros el tiro fue acompañado por un ambiente donde se escuchaban risas y un afiebrado fanático sorprendía con un «ja ja ja el culiao malo (sic)»
Los partidos con Cobreloa (ahora en la B) siempre fueron considerados como clásicos por los hinchas. El conjunto albo buscaba asegurar un triunfo por la mínima, cuando una pelota sacada desde el fondo de la zaga, llega a los pies de «Carucha». El delantero enfilaba solo contra el arco naranja, cuando en un momento el hábil atacante intenta mirar si alguien acompañaba la jugada. Momento fatal. Al mirar hacia el lado, perdió la referencia de la pelota, tropezando aparatosamente con la redonda y cayendo al piso bajo las risas del público de Océano.
Su carrera en el Cacique duró solamente seis meses, en los cuales disputó 12 partidos, marcando un gol a Coquimbo Unido en el norte y un verdadero golazo al Audax Italiano en Santa Laura, cuando intentaba sacar un centro al área.
Hoy, retirado de la actividad, habiendo defendido la camiseta del linajudo Maccabi Herzliya del ascenso israelí, guarda los mejores recuerdos del Popular. Ante la pregunta del diario As:
Once años después, ¿qué recuerda de su paso por Colo-Colo?
-¡Uf, pasaron tantos años! Yo nunca más volví a Chile, pero la gente me sigue escribiendo. Creo que Colo-Colo vio en mi un chico humilde, de pueblo esforzado. Soy un agradecido de haber podido defender al «Cacique» y por eso en cada partido y cada entrenamiento dejaba todo y un poco más. La gente se encariñó conmigo y valoró esa actitud.
Adrián «Carucha» Fernández en todo su esplendor.
















