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Autor | Danilo Quinteros H. Follow @DaniloQuint22
(En el cumpleaños 91 de Colo-Colo)
La historia cuenta que cuando nací en una mañana de mayo hace ya algunos años y dentro del ascensor de un hospital de la capital, no fue necesario el típico golpecito del doctor para que yo llorara cuando salí a la luz de la vida… Mis padres se miraron extrañados y muy sorprendida la enfermera que nos acompañaba explotó en aplausos cuando el partero de turno logró descifrar lo que mi naciente corazón palpitaba a través de mi boca mientras el cubículo subía al piso donde se hallaba el área de la maternidad.
Eran cerca de las once de esa mañana otoñal y según cuentan los testigos parecía primavera. El ascensor se detuvo en el piso requerido y sus puertas se abrieron al son de una melodía especial, mis abuelos, tíos y otros familiares llegaban corriendo para estar presentes en el nacimiento del tercer hijo de mis padres y según la leyenda al encontrarnos todos en el cuarto piso se armó un barullo de aquellos puesto que yo, recién nacido, aún pegado a mi madre con el cordón umbilical y cubierto con una blanca toalla, no lloraba… sino que balbuceaba, susurraba, entonaba en un tono muy audible para los presentes, el himno de Colo-Colo.
Y ¿por qué lo cantaba? ¿Por qué me sabia la letra? ¿Cómo era posible que un recién nacido hiciera aquello posible? Muy simple… Yo nací con las ansias de sentirme campeón, de marcar diferencias desde el primer minuto de vida, de ser la alegría y razón de ser de un grupo de personas, de ser el motivo de esfuerzo y sacrificio por salir adelante con coraje y valentía como lo hiciera un grupo de hombres que el 19 abril de 1925 decidieron marcar diferencias y fundar lo que sería la entidad deportiva y social más grande e imponente de Chile, con principios y valores que representaran a la mayoría de un país que soñaba y anhelaba una vida mejor o al menos con sentido, y todo eso fue traspasado por mis abuelos a mi madre y sus hermanos y de mi madre a mis hermanos mayores, a mí, a mis hermanos que vinieron después y a todo nuestro linaje hasta el día de hoy. Colo-Colo se fue transformando en la vida de todos quienes vieron en sus precursores el amor a nuestros colores, a nuestra tierra, a los sueños de grandeza y la necesidad de darle un sentido positivo al día a día de muchos, de miles y de millones pobres y ricos que soñaban con ser mejores, con ser ganadores, con ser campeones…!!!
Por eso yo nací cantando, porque en mis venas corría sangre marcada por todo lo vivido por mis abuelos desde la fundación del club en el estadio El Llano y su primer título invicto de la liga metropolitana de deportes ese mismo año, pasando por la primera gira internacional, el golpe que significó la muerte del gran capitán David Arellano, la primera crisis en el 31, el primer título nacional invicto en el 37, los campeonatos de la década del 40 y el Sudamericano de Campeones del 48 que sería la base de lo que ahora es la Copa Libertadores de América. Mis abuelos y el Cacique fueron uno solo… Juntos vivieron y compartieron felicidades y penas, triunfos y derrotas, con jugadores que no solo representaban a sus colores o a sus intereses particulares, sino que también tenían la conciencia que representaban el quehacer y la vida de un pueblo que vibraba con su equipo, jugadores que sabían que la felicidad o tristeza de sus seguidores dependía de ellos y estaban claros que todo esfuerzo por seguirlos en cada estadio en donde se presentaban significaba un tremendo esfuerzo que en noventa minutos de partido debían premiar con un triunfo.
Así, la historia grande de Colo-Colo se fue marcando, moldeando y mezclando con la historia de mi familia, con todo lo bueno y lo malo que ello significaba, pero qué se le iba a ser… La historia de mi familia era la historia del cacique, esa que se escribía con impotencia el 73 con el robo de la Libertadores en la final ante Independiente de Argentina, esa historia que ya en los albores de los ochenta yo comenzaba a compartir con mi abuelo a través de una pequeña radio a pilas que nos contaba el derrotero triunfal del Colo del 81 y 83 que se coronaba campeón y yo salía corriendo enfundado en una chalas tipo condorito, pantalones cortos y mi banderín en alto a dar la vuelta a la manzana que era mi vuelta olímpica, ganándome los aplausos de los vecinos. Recuerdo como si fuera hoy aquellas tardes de domingo junto al nuevo equipo de música a todo volumen los partido en que cantábamos a todo pulmón los goles que nos llevaron a nuevos títulos el 86 y el 89 y las cuatro Copa Chile ganadas en esa época que sumaban más vueltas a la manzana y más aplausos de los vecinos antiguos y otro nuevos, la inauguración definitiva de nuestro estadio o la mayor felicidad de la vida al obtener nuestra primera “Copa Libertadores de América” y el tricampeonato en el 91, la obtención de la Recopa y la Interamericana…
El Albo es vida y como toda vida también lloramos y sufrimos con sucesos como la derrota intercontinental ante Estrella Roja en Tokio en diciembre del 91, los campeonatos que no ganamos, las derrotas en dos semifinales de la Supercopa y una en la misma instancia de la Libertadores entre el 96 y 97, la final de la Sudamericana perdida el 2006, la quiebra y todo aquello que conllevó a malas prácticas administrativas que nos llevaron a pensar y esperar lo peor, pero Colo-Colo demostró ser más grande y fuerte que cualquiera, fuimos junto a mi abuelo y hermanos testigos desde la galería como levantábamos la copa el 2002 con un campeón de América en la banca y un grupo de jugadores que demostró que aún en quiebra éramos los más grandes.
Han sido tantos y tantos los momentos de gloria que Colo-Colo le ha dado a mi familia, treinta y una estrellas nacionales y tres internacionales, que sin darme cuenta mi vida vive porque el Albo es vida, porque por mi sangre y la sangre de millones en Chile y el mundo corre la historia del Eterno Campeón, incluso allá en el cielo, mis abuelos que ya no están conmigo me cuentan en mis sueños que la mitad más uno del paraíso vibra con Colo-Colo, con su historia y con el legado de los ídolos que hicieron de esta institución no solo la más grande sino que también la que es capaz de ser la razón de la felicidad y el orgullo de sus hinchas.
Por eso la historia cuenta que yo nací cantando y fue por todo lo que significa en mi familia que me sabia la letra de su himno, y seguiré entonando las letras que balbuceé aquella mañana en el ascensor de un hospital, cada día con más fuerza y más orgullo, porque eso querrían mis abuelos porque ellos me enseñaron a ser campeón y estoy seguro que moriré como nací, entonando el himno que me trajo a la vida, por Colo-Colo: El equipo que ha sabido ser Campeón.

