Por Samuel Lorca
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Desde tiempos inmemoriales, los centrales extranjeros han sido todo un tema en Colo Colo. Ya sea por escasez o por falta de nivel, históricamente hay poco para rescatar. Antes de la década del ´70, el de mayor importancia fue Nemesio Tamayo, un español-chileno que jugó en el primer título (1937). Y sería. Después vinieron algunos que sumaron estadística y poco más.
En 1976 llegó el que, según opinión general, es el mejor central extranjero que ha vestido la alba: El argentino ATILIO HERRERA. El ´Tigre’, según quienes lo vieron jugar, no era espectacular, incluso algo lento, mas tenía una gran fortaleza: la regularidad. En ese tiempo se acuñó una frase que describía su estilo: “Nunca extraordinario, nunca mal, siempre parejo”. Jugó cuatro temporadas en el club, ganando el torneo de 1979, haciendo dupla con una leyenda alba, Don Leonel Herrera.
Luego de él, vino una extensa época en donde la zaga alba fue netamente nacional, con buenos resultados y muchos títulos, incluyendo la inolvidable línea de tres del ´91 (Garrido, Ramirez, Margas). Post-libertadores llegaron algunos centrales foráneos, la mayoría fracasos: Los uruguayos Rebollo y Badell, o los paraguayos Acosta y Rogelio Delgado (que llego como ayudante técnico). De ese ciclo, el único rescatable fue el argentino Javier Baena, que bajó la estrella del ´93. Lo trajeron para reemplazar a Lizardo Garrido, nada más y nada menos, y aunque estuvo lejos de acercarse al nivel del ‘Chano’, cumplió.
Del 2000 a la fecha se sumaron nombres connotados: Los ex seleccionados Fernando Gamboa (argentino) y Leonardo Ramos (uruguayo) y los mundialistas paraguayos Daniel Sanabria y Celso Ayala. Caros fracasos. Y otros con menos nombre pero igual de malos: Los paraguayos Velásquez, Cabrera y Riquelme o el argentino Cajaravilla.
¿Rescatables? solo dos: El colombiano Andrés González, quien a pesar de no ser indiscutido en la época de Borghi, cumplía cada vez que entraba. Incluso fue llamado a su selección, pero no valía el millón de dólares que pedían por él. El otro fue un consagrado, el venezolano Jose Manuel Rey, emblema de la selección vinotinto. Con todos sus ripios dio firmeza a la zaga campeona del 2009. Luego de ellos vinieron el mundialista uruguayo Andres Scotti, quien nunca terminó de convencer; y Damian Malrrechauffe, de quien nunca se supo a qué vino.
Así llegamos al último, y para mi gusto, el único en esta historia capaz de discutirle el título del mejor al ‘Tigre’ Herrera: JULIO ALBERTO BARROSO.
Campeón mundial Sub 20 con Argentina, dio pruebas de su calidad en Ñublense y O´Higgins, consiguiendo la primera estrella para esa institución el año 2013. A finales de ese año, y a pesar de tener una oferta de la contra (que estaba de moda en ese minuto), eligió Colo Colo.
Desde que sigo al Albo nunca me tocó ver un central que fuese tan determinante en el rendimiento total de la escuadra. En su primer torneo, y con un nivel superlativo, llevó al equipo a mantener un invicto de 12 fechas, perdiéndolo contra la Universidad de Concepción (en donde Julio sale lesionado a medio partido). Fue la única derrota de esa campaña. De su mano se consiguió la anhelada estrella 30.
Barroso es influyente incluso en el rendimiento de sus compañeros, al punto de lograr que Christian Vilches, quien venía anímicamente quebrado de sus malas temporadas anteriores, por fin rindiera en el club. Hace jugar al que le pongan al lado, y rinde incluso cuando su compañero en zaga no lo hace (con Baeza le ha pasado varias veces en esta campaña).
Su compromiso con Colo Colo es intransable, tanto que al ver al equipo perjudicado injustamente, se lanzó en una defensa a ultranza, con declaraciones que molestaron a los altos mandos del fútbol. Se ganó una larga sanción por ello, y el equipo lo resintió en cancha. La pasión traiciona a veces.
Jugador completo, titular indiscutido, base de la columna vertebral del once titular albo. Futbolísticamente transmite seguridad al equipo; a pesar de no ser particularmente alto, tiene un gran cabezazo. Técnicamente excelente y gran tiempista, entrega salida limpia y es rápido y efectivo en los cruces. A diferencia de lo que se decía de Atilio Herrera; Barroso en numerosas ocasiones ha mostrado un nivel extraordinario.
Es, hoy por hoy y sin lugar a dudas, el mejor defensa central de nuestro torneo, fundamental en nuestro equipo y un lujo de jugador (al punto que desde la selección querían nacionalizarlo).
¿Estamos en presencia del mejor defensa central extranjero de la historia de Colo Colo? Solo el tiempo lo dirá. (A mí parecer, lo es). Mientras, no queda más que disfrutar viendo a Julio Alberto Barroso defender la alba, porque señores, esta es su era. La era del Almirante.
















