Que difícil es todo cuando pierde Colo-Colo, ¿no? Todo se ve más negro, los análisis son más crudos y las reacciones, generalmente, más violentas y poco racionales. Es en este punto donde estoy de acuerdo con el hincha y discrepo con los fanáticos, porque como decía Galeano: “El fanático es el hincha en el manicomio”.
Por Erick Zavala Follow@zaavalaerick
El Fanático las emprende contra todos y contra todo, no importa que hace dos fechas el equipo fuese, a los ojos de los colocolinos, una máquina imparable que le había ganado a todos y estaba sólida en la punta. No importa que hace no mucho podíamos pasar por encima de cualquiera que se pusiese al frente simplemente porque éramos el Colo-Colo invicto con siete triunfos en siente partidos jugados. Discrepo porque ese es el mismo personaje que antes de jugar el partido se burla de los rivales que pierden, sin saber lo que puede pasar en el partido de su propio equipo. Es el mismo que da los partidos por ganados antes de jugarlos simplemente porque el equipo de turno es de provincia. Por eso se vuelven locos si el equipo no cumple con esa expectativa. Por eso sienten la necesidad de resarcirse de las burlas lanzadas a los demás con ataques a su propio equipo, como enmendando el error y esquivando el bochorno. Con el fanático no se discute, el fanático siempre tiene la razón.
Pero también está el hincha común y corriente. Ese tipo silente que espera con ansiedad el partido, sabiendo que si los rivales cercanos pierden, es conveniente para el equipo, pero no sirve de nada si no ganamos los tres puntos de turno. A ese grupo es al que me sumo, ese grupo que no putea por putear, ese grupo que cuando deja de analizar el fútbol de manera objetiva lo hace solo por una razón: comienza a analizarlo de manera emocional. Es que, quién no ha terminado una conversación con amigos diciendo: «Puta, si hubiese sido futbolista jugaba gratis por el Colo”. Esa crítica es sincera, porque es desde la pena de ver que algún jugador que tiene puesta esa camiseta que tanto amas, que tiene la posibilidad de jugar en esa cancha donde tantos hemos soñado entrar con un estadio lleno y por qué no, hacer un gol, no deja todo en la cancha.
Es esa la mayor critica que se les puede hacer: entrenan toda la semana para dejarlo todo en 90 minutos. Tienen el trabajo soñado: hacer lo que aman todos los días. Demuéstrenlo cada domingo entonces, cada vez que salten a la cancha con el Indio en el pecho. Lo demás son solo puntos para un café conversado: lesiones, expulsiones, un cambio bueno o un cambio malo; el rival que juega y que lo venía haciendo bastante bien.
Por eso estas caídas son necesarias, primero para remecer al equipo y segundo para no olvidar la humildad que nos enseñó David Arellano, porque algunos solo se acuerdan de él cada 19 de abril, pero el resto del año se olvidan de todas las bases sobre las que el fundador creó este club.
Arriba Colocolinos, aún queda mucho porque pelear.
















