CON PENA Y SIN GLORIA | Facundo Coria, El «Mago»

Roberto Quintana Ramírez

Comenzaba el segundo semestre del año 2012 y el entonces técnico del Popular Omar Labruna buscaba con desesperación un jugador que moviera los hilos en el mediocampo albo. Siempre la búsqueda de un jugador en Colo-Colo comienza con un verdadero baile de nombres, que incluso han incluído a jugadores como Ronaldo, Edgar Davids, o el Pibe Valderrama.

Autor | Guillermo Castro

Imagen: La Nación

El técnico venido desde el Audax, buscaba un jugador que se calzara la “10” del Cacique. Los más allegados al camarín del  Eterno Campeón, decían que el técnico argentino, que actualmente dirige en la B nacional de Argentina, no se destacaba precisamente por el ahínco en emprender las labores diarias.

Con esa misma actitud reacia “al laburo” es que determinó que el jugador preciso para llenar el vacío en el medio campo albo era Facundo Gabriel Coria, el que venía precedido por el siempre esperanzador apodo de “Mago”.

Con 25 años, el nacido en Buenos Aires se asomaba por Macul para vestir la camiseta con el emblemático número, la misma que lucieran Jose Luís Sierra, el Toby Vega, Jaime Pizarro y tantos otros que han contribuido con la gloriosa historia del club más ganador del país.

Nadie es capaz de explicar, con detalles, cuales fueron los videos que vieron los encargados de la comisión fútbol de Colo-Colo para convencerse de que el rubio mediocampista era la solución para la creación del Cacique.

El 21 de julio del 2012, Coria debutaba vistiendo la camiseta del Popular ante Universidad de Concepción. En 24 minutos quedaba claro que el único mago era el representante y el editor encargado del video promocional del discreto jugador (ojo señor director, a tenerlo anotado en caso de abrir un canal audiovisual en este medio).

Con algo más de 10 partidos jugados con la camiseta del Popular, de los cuales solamente inició en dos, el Mago (de cumpleaños infantiles) dejaba los pastos de Macul en el primer semestre del 2013, con la frustración de haber sentido el mítico “peso de la camiseta”, y con un apodo que nadie, al menos de este lado de la cordillera, se explica hasta el día de hoy.