El 7 de noviembre de 2010 Colo Colo buscaba defender la punta en un torneo largo. El archirrival no se la hizo fácil. El Cacique logró el milagro al final, jugando con nueve y con el banderín en el suelo.
Autor | Diego Jorquera Follow @eldiegors
Diego Cagna saltaba bajo una torrencial lluvia, se abrazaba con sus dirigidos y corría de un lado a otro al borde de la cancha. La Garra Blanca sacaba unas bengalas, para encender una celebración que no apagaría nadie. A pesar de no ser un triunfo el sabor era dulce; con dos jugadores más la “U” no había podido ganarnos.
Esa tarde de domingo el verano estaba cerca, pero en Santiago llovió todo lo que quedaba de agua de aquel 2010. La cancha del Nacional no estaba en las mejores condiciones, pero nada de esto evito que ambas hinchadas asistieran al clásico del fútbol chileno.
Colo Colo era el puntero del campeonato, Universidad Católica estaba segundo (a cuatro puntos) y la Universidad de Chile no estaba en su mejor momento, ni peleaba por el campeonato. Es decir, todo ocurría con normalidad.
De hecho, el partido comenzó sin sorpresas, tanto así que a los pocos minutos de iniciado el encuentro, Miguel Pinto reaccionó de mala forma ante un lejano tiro libre de Paredes, permitiendo que Colo Colo se pusiera en ventaja, y que “Visogol” fuera a celebrar con su gente.
Parecía que el partido estaba en el bolsillo.
Fue a los 14´cuando los dirigidos por Cagna recordaron quien era su adiestrador y se durmieron profundamente en una jugada a balón detenido. Tras un centro de Guillermo Marino, Juan Gonzáles conectó de cabeza, marcando el 1-1 con el que ambos equipos se fueron al descanso.
En el segundo lapso la cosa se puso fea. Paulo Magalhaes –quien jugaba por Colo Colo ese año- no pudo afirmarse defendiendo su carril, por lo que Eduardo Vargas se lo comió vivo. Se venía la noche y también la U, bajo una constante lluvia que le daba más dramatismo a este duelo.
Hacía mucho frío y Macnelly Torres no podía concentrarse, la pelota corría rápida siempre hacia el arco del “Popular”, Francisco Prieto sacaba como podía los ataques azules y Andrés Scotti repartía como si estuviese buscando su expulsión.
Dicen que tanto va el cántaro al agua, que al final se rompe. A los 60´Martín Rodíguez, el lateral de la “U”, anotó de cabeza ante una pésima salida de Prieto y un “horror” defensivo en la zaga colocolina, que había dejado solo al uruguayo.
Cagna permanecía sentado en el banco, mirando inmóvil como si no supiera que hacer.
El partido decayó en nivel e intensidad, entonces, para ponerle un poco más de emoción, Ezequiel Miralles agredió a Juan González, quien le respondió de la misma manera, y los dos se fueron tempranito a las duchas.
Andrés Scotti, que había buscado la roja toda la tarde, vio que no era él elegido para salir de la cancha y unos minutos más tarde, en una heroica acción, cometió una falta de “último hombre” evitando un probable gol universitario y ganándose la cartulina roja.
Cuando muchos pensaban que la “U” se quedaba con el clásico, que Católica se acercaba en la tabla y que ya nada podía ser peor, Diego Cagna sacó a Arturo Sanhueza e hizo ingresar a Javier Campora. Colo Colo, con sus ocho jugadores de cancha, salió a buscar el milagro con todo lo que tenía.
En el último minuto de juego, ya en tiempo agregado, un jugador universitario bajó a un futbolista albo en la mitad de la cancha, bien lejos del arco, Macnelly tomó la pelota y con un gesto mandó a todos sus compañeros al área, se venía el centro.
La siguiente acción fue relatada por Claudio Palma con las siguientes palabras: “se viene Macnelly, Macnelly centro, cabezazo, gol… Gooooooooooooooooooool”.
Los colocolinos en el estadio se volvían locos, Diego Cagna salía de su asiento y saltaba bajo la lluvia, hasta Ezequiel Miralles estaba dentro del terreno de juego celebrando con sus compañeros.
La cara de pinto lo decía todo y el silencio de Los de Abajo era decidor, otra vez de atrás picaba el indio y Colo Colo se mantenía en la punta de un torneo que se le escaparía cuatro fechas más tarde.
El “popular” lo había hecho otra vez, dando vuelta un resultado adverso, mostrando empuje y coraje cuando ya no había más.
Colo Colo buscó el gol y lo obtuvo, gracias a que el juez de línea estaba buscando el banderín, que se le había caído de las manos y no pudo ver como Cámpora cabeceaba en clara posición de adelanto. Pero eso es otra historia.

