DE ATRÁS PICA EL INDIO | Tarde de lluvia, goles y Lucas

Roberto Quintana Ramírez

21 de mayo 2008: Colo Colo, que había sido derrotado en la final de ida, visitaba a Ñublense en Concepción, en busca de su clasificación a la final.

 Autor | Diego Jorquera 

Imagen: Emol

En una fría tarde de lluvia en Concepción, Jonathan Cisternas caía derribado por Gonzalo Fierro en el área de Colo-Colo. Pablo Pozo marcaba penal y Luis Flores Abarca convertía, dejando la serie de semifinal 2-0 para Ñublense luego del 0-1 en la ida. En ese momento del día, bajo un imponente temporal, todo se encontraba nublado.

El partido en sí ya era difícil. El gol de Ever Cantero 3 días antes, hacía que los chillanejos entraran a la cancha con la ventaja de clasificar con una victoria, por cualquier marcador, o un empate.

A esto había que agregar el temporal que azotaba la zona centro-sur del país –el que por poco suspende el encuentro-, que provocó que la municipalidad penquista enviara un helicóptero para despejar los pozones de agua de la cancha, la que no quedó en las mejores condiciones.

A pesar de todo la hinchada colocolina no se amedrentó, y bajo una torrencial lluvia repletó el Municipal de Concepción, por ese entonces sin techo, esperando el milagro. Lo cierto es que después de la tormenta siempre sale la luz y Colo-Colo demostró esa tarde porque es el Eterno Campeón.

El gol de Flores Abarca había puesto fin a un primer tiempo con más pierna fuerte que fútbol, en el que durante 45 minutos Fernando Astengo se limitó a gritar “vamos, vamos” al borde de la cancha. Colo-Colo no encontraba su juego y Sanhueza con Meléndez repartían de la manera en que solo ellos sabían.

Ñublense salió al segundo lapso pensando en cómo disputaría la final. Fernando Díaz, director técnico de los diablos rojos, cambió su 4-4-2 inicial por una conservadora formación “murciélago” (todos colgados del palo), lo que permitió que los Albos con “empuje y coraje” comenzaran a dominar las acciones.

Carlos Salazar –el “Caliche”- ingresó a los 64´y aunque parezca increíble logró armar un poco más la ofensiva del campeón, quien comenzó a llegar de manera insistente al arco de Jaime Bravo, quien esa tarde salvó varias oportunidades claras de gol.

Quienes asistieron al estadio ese día recuerdan que poco a poco comenzaron a sentir que el gol se acercaba, “estaba calentito”, señaló uno de los que presenciaron el encuentro, y agregó, “todos los colocolinos en el estadio sabíamos que Colo-Colo iba a ganar”.

Ñublense no se metió más atrás porque la cancha no es más larga, y Colo-Colo no presionó porque la cancha no estaba en condiciones.

Hasta que llegó la magia y surgió la mística. Era el minuto 81´y las esperanzas comenzaban a esfumarse, centro número 100 al área de los rojos y Juan Pablo Toro no logra despejar una pelota que quedó estancada en el barrial, de pronto de entre el lodazal humano surgió la “pantera” –Lucas Ramón Barrios- y clavó la pelota en el palo más alejado del portero de la “longaniza mecánica”.

El Municipal de Concepción literalmente explotó, el grito sagrado contenido dentro de las gargantas colocolinas por fin pudo salir y se escuchó más fuerte que la intensa lluvia que aún caía sobre el campo de juego. Inmediatamente todo el estadio comenzó a cantar “albo otro gol”, pero nadie imaginó que vendría tan rápido.

Colo-Colo aún necesitaba un gol más para clasificar a la final –por la regla de los goles de visitante-, por lo que reiniciado el encuentro fue en busca del segundo tanto. Tiro libre para Ñublense, que los albos defendieron con unas y dientes, para salir en un veloz contragolpe mientras toda la Garra Blanca alentaba enfervorizada.

Falta en el medio campo y Arturo Sanhueza envió la pelota la pelota al área de los de Chillán, nuevamente (y tan solo dos minutos más tarde) Lucas Barrios volvía a convertir, esta vez “peinando” el balón y descolocando al arquero. La explosión esta vez fue más grande y hasta el mismo Fernando Astengo salió corriendo a celebrar junto a sus dirigidos. La gente en las tribunas se abrazaba y los paraguas no servían más que para arrojarlos lejos. Todos celebraban bajo la lluvia.

Los últimos diez minutos fueron de infarto, con un Ñublense que se fue con todo arriba intentando conseguir el gol que los clasificaría, pero Colo-Colo supo defenderse y logró conseguir el triunfo y el paso a la final.

El encuentro terminó y la hinchada cantaba “olé, olé, olé, olé, Lucas, Lucas”, mientras que el argentino los saludaba. Colo-Colo estaba cerca de un pentacampeonato (que no llegaría) y le demostraba a todos porque es el equipo más grande de Chile.

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