DESDE EL SILLÓN | Desde Curicó, con molestia.

Roberto Quintana Ramírez

Autor | Alberto Salazar

Imagen: La Tercera

Como casi todos los partidos de mi amado Cacique el clásico me tocó verlo desde el sillón (la cama para ser más preciso) en Curicó, ciudad en la cual están mi bella hija y mi amada mujer.

La ansiedad me hizo despertar a las 9 am y prendí la tv para ver la previa de este ansiado y tan comentado partido pero termine sintonizando una radio (si, hay radios en la tv también) debido a los nefastos comentaristas y personajes que pretendían “amenizar” la previa en el canal de la transmisión oficial. En mi cabeza imaginaba goles, celebraciones, reacciones, comentarios y un millón de otras cosas propias de aquel colocolino que lo único que quiere es ganarle al rival más enconado que tenemos, aunque no quieran reconocerlo algunos. Por cierto, esas 18 mil personas que llegaron al David Arellano confirman que si es clásico, de otra forma hubieran seguido en sus casas. Volumen mínimo para no despertar a la patrona (y de paso ahorrarme un “tan temprano ya estas con futbol”) comencé a oír detalles del partido. Sufrí como pocos la confirmación de la ausencia de Esteban Efraín quien para mi está en la categoría de ídolo y hace goles a los azules cada vez que quiere.

Como hombre cabalero, todo preparado, nada ni nadie se mueve de donde está al momento del pitazo inicial y vamos a la transmisión de tv. La mujer ya estaba despierta y gritó conmigo lo usual que digo antes de cada partido: ¡vamos Cacique, la ctm! Aplausos para transmitir animo y empezó el espectáculo.Un triste espectáculo.

Creo que ninguno de nosotros imaginó lo que vimos. A medida que avanzaba el reloj me invadía una sensación de pena y rabia con lo que veía, mi mujer gritaba intentando hacer reaccionar al equipo y yo… bueno, mis improperios subían de tono a cada instante. No por ser un mal hincha sino que sentía que era Colo-Colo quien tenía la obligación de ganar el partido, era el albo quien tenía que hacer ver mal a uno de los peores equipos del torneo, éramos nosotros los que teníamos que dar esa palada final y enterrar las ilusiones de un equipo azul que llegaba con la única ambición de salvar el semestre a costa de nosotros. Pero no, nuestro DT y jugadores querían otra cosa. Revivir muertos como me dijo un amigo en twitter. Desesperante y desmotivante sensación ver a Martin Rodriguez chocar una y otra vez, a Vilches no poder aguantar un balón, la liviandad de Delgado, Tonso desparecido, Reina intentando hacerlo bien pero no le sale tan bien. Libres de esto quedan nuestro mediocampo defensivo y la defensa que se mostró sin mayores falencias. Incluyo, por supuesto Don Justo Wilmar que sin él quizás donde estaríamos ahora. Y la cara de Esteban Paredes lo decía todo.

Termina el partido (no hay nada que comentar), el gusto amargo de haber visto uno de los clásicos más malos de los últimos años, mi mujer consolándome y yo como la canción de Los Pericos, complicado y aturdido. Pero con fe de que en algún momento dejarán de oír a Sierra y se vendrá una rebelión de velocidad y buen fútbol que nos devolverá el alma al cuerpo.

Antes de que se me olvide seguimos punteros, a pesar de Sierra.