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Una vez más me presento ante mis estimad@s colocolin@s y a cuantas personas se dignan en seguir leyendo mis columnas semanales, sin importarles el qué dirán y sin el temor de ser señalados por la calle: en esta ocasión toca escribir sobre las categorías inferiores de Colo-Colo, rindiendo un pequeño homenaje a todo el amplio sector en que está dividido el denominado fútbol base, pero haciendo hincapié en dos categorías específicas, como son la sub 18 y la sub 19.
Autor | José Luis Peña
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Colo-Colo dispone a día de hoy de dos niveles en cuanto al fútbol cantera se refiere. Una de ellas es el fútbol infantil y, salvo que mis datos sean erróneos, giran desde la categoría sub 8 hasta alcanzar la sub 14. Después viene lo que en Chile denominan “Fútbol Joven”, que abarca desde los 15 a los 19 años. Esto en cuanto al fútbol masculino, porque luego están los diferentes niveles existentes en el femenino.
Os preguntareis del por qué me voy a centrar única y exclusivamente en las dos últimas de las categorías del fútbol joven masculino. La razón que me impulsa a ello es el “status” fronterizo que presenta ser un joven canterano de entre 18 y 20 años, donde una vez dejado atrás el periodo de la niñez y la adolescencia, se entra en ese espacio de tiempo que transita a medio camino entre una juventud a punto de explotar y los primeros pasos por ese mundo que llamamos ser adultos.
CANTERA. DIVINO TESORO
No hay club en el mundo que no sienta un orgullo especial por su cantera. Es la esencia y el alma de todo equipo. Es la introducción para escribir unas historias de lucha, fe y esperanza para terminar con un epílogo final, que sólo el futuro podrá mostrar. Un club que carece de categorías inferiores y de escuelas donde preparar, primero personas y luego futbolistas, elimina la quintaesencia de este mundo del fútbol que nos toca vivir. Quedan relegados a acudir a un mercado cada vez más caro y que por regla general no asegura que la inversión realizada dé los frutos deseados. Bien es cierto que con las canteras, da igual al lado del mundo que miremos, tampoco se auguran futuros perfectos, pero es muchísimo más factible extraer de tus propias entrañas las semillas que se fueron fraguando, que tener que esperar que el talonario lo arregle todo.
Los clubes que fabrican su porvenir a base de chequeras, de invertir cantidades ingentes de dinero y fomentar sueños únicamente con el poder que otorga los billetes, están condenados a vagar por mundos sin alma, donde el desapego y los supuestos amores por una camiseta se ven supeditados a la mejora o no de un contrato. Construir y hacer crecer un equipo a base de amores interesados es fomentar la lejanía y el distanciamiento entre la propia entidad y la hinchada. Todo se vuelve frio, distante, cerebral. La emoción, la empatía y el orgullo de vestir unos colores se tornan famélicos cuando el todo poderoso dinero recubre los sentimientos y se toma como única solución.
Esto es algo que desapareció (en parte) cuando los equipos tomaron conciencia de que su futuro se encontraba bajo sus pies y no en el fruto de eternas reuniones entre presidentes y representantes o mánager, que en una buena cantidad de ellos, venderían a sus abuelas con tal de llevarse un buen porcentaje por “colar” al más grande paquete que nos podamos imaginar.
La cantera y el fútbol joven nacen donde el dinero no puede llegar, basados en sentimientos tan profundos como son el amor y la lealtad. Es fidelidad, compromiso y gratitud eterna, salvo en ciertos casos donde se establece la amnesia o el olvido premeditado, claro está. Es un tesoro a preservar y cuidar y, aunque no siempre se pueda conseguir sacar auténticas figuras, si al menos, se tendrá el futuro un poco más aclarado. Con unas buenas infraestructuras deportivas y profesores cualificados, donde se enseñe a los más jóvenes a crecer como personas y como deportistas (lleguen o no a la élite), más difícil será hipotecar un club y hacerlo navegar por las procelosas aguas de un mercado interesado y mercantilista.
Cuidemos, por tanto, que nuestro amado y querido Colo-Colo siga por este camino de futuro, camino que en ocasiones se encuentra plagado de piedras y dificultades a salvar, empezando por cuerpos técnicos y/o presidentes que no confían ni ponen mucho entusiasmo a la hora de dar oportunidades a esas jóvenes perlas que respiran, aman y piden a gritos una oportunidad por lucir el indio en el pecho. Guardémonos de que no lo destruyan y contribuyamos como socios a candar y poner a buen recaudo nuestra “Joya de la Corona”, nuestro bien más preciado. Un tesoro único e intransferible que esperemos el poder del dinero no pudra.
A TI, JOVEN ALBO
Me salió la vena paternal que llevo guardada desde hace tiempo. Surgió en mí ese aspecto entre académico y educador en el que a veces me sumerjo, ahora que me voy a dirigir a esos chicos de entre 18 y 20 años que pueblan nuestra cantera. Es hora de enarbolar, por tanto, las banderas del corazón y de hacer un encendido canto a la esperanza. Llegó el instante de alentar y apoyar a esa muchachada que sueñan con el triunfo y con vestir la camiseta cacique que portan desde prácticamente la cuna.
(Deben saber)
Tal vez no sea la persona más indicada para aconsejar a todos estos chicos, a fin de cuentas, en esto del fútbol yo me quedé en el pelotón de los torpes, a medio camino entre la nada y el fracaso total. Pero la vida me dio otros dones, otros regalos que supe asimilar y entender. Me otorgó el don de la experiencia, del análisis (frio o emocional) y el de poder transmitir mis experiencias a los más jóvenes. Espero hacer bien mi cometido y que aprendan algo de todo lo que les voy a exponer (escribo como si realmente me fueran a escuchar), basado en mi recorrido vital por esta vida.
Deben saber, que a pasar de lo digan amplios sectores de la sociedad, el fútbol no es un deporte fácil. Exige sacrificio, lucha, afán de superación, aprender de los errores y asimilar que todo sueño tiene sus pesadillas.
Deben saber que el esfuerzo es el único camino válido para alcanzar los objetivos finales. Que la apatía, la desgana y el dejarse llevar o creerse divos antes de tiempo comporta un alto riesgo de quedarse en tierra de nadie. Por tanto, trabajen, sacrifiquen una pequeña parte de su joven e inexperta vida, eliminando de ella egos insensatos y sabiendo en todo momento que ser competitivo no implica ir poniendo zancadillas a diestro y siniestro.
Deben saber -al igual que sucede en la vida- que en el fútbol también algunos renglones se escriben torcidos. Que es muy probable que algunos de ustedes no lleguen a la cuarta parte de lo que en un día soñaron ser; que es más que seguro que su vuelo no alcance para alcanzar la gloria deseada; que se conviertan en eternas promesas o que al final tengan que defender otros sentimientos, otros colores. Pero no cejen en su empeño de creer en si mismos y sigan con esa lucha titánica que establecemos cuando queremos alcanzar un ideal. Sea cual sea el destino último que el fútbol les proporcione, recuerden que si no llegaron a ser unas grandes figuras (muy pocos lo consiguen), si al menos lo intentaron.
Deben saber que no hace falta ser una mega estrella para disfrutar del fútbol. No se obsesionen con ello. No merece la pena intentar ser el mejor a toda costa, porque de ser así seguramente se convertirán en medianías. No todo el mundo es bendecido con la gracia del estrellato, pero no olviden jamás esto: toda súper estrella futbolística siempre estará rodeado de extraordinarios actores de reparto y que las estrellas no brillan solas.
(Aprendan a…)
Aprendan a ser personas dignas antes incluso que ser un buen futbolista. Apliquen el espíritu que todo deportista llevamos dentro (me incluyo, lo sé), esto es: lealtad, compañerismo, esfuerzo colectivo, luchando juntos y no haciendo guerras por nuestra cuenta, sabiendo en todo instante calibrar los límites a los que estamos sometidos. No fuercen la máquina ni atropellen a nadie por intentar alcanzar metas que nunca nos fueron diseñadas.
Aprendan a no buscar atajos ni intenten engañar al tiempo. Sean limpios, honestos consigo mismos y con los demás. No se dejen embaucar por mercaderes del triunfo ajeno. Aléjense de cuantos individuos le oferten productos mágicos que harán de ustedes unos deportistas mejores. Será su completa ruina si no hace oídos sordos a todos estos encantadores de serpientes.
Aprendan a ganar, mucho antes incluso que a saber perder. No suelen enseñarlo, pero a un deportista (en este caso futbolista) lo que le hace grande no solo es saber admitir la derrota, sino saber disfrutar de cualquier triunfo sin necesidad de humillar ni denigrar al contrario. Saber ganar es más complicado de lo que creemos. La euforia del momento y la desbordante alegría alcanzada en ocasiones nos obnubila la razón y nos hace atropellar la empatía y los buenos sentimientos. Esa especie de locura transitoria puede jugarnos malas pasadas y hacernos comportar como auténticos idiotas y engreídos. Jamás permitan que una victoria saque lo peor de ustedes.
(Ahora no lo saben, pero…)
Por su juventud ahora es posible que no lo sepan, pero cada carrera por la banda es una lucha por la supervivencia; que cada centro al área es un canto a la esperanza; que en cada penalti fallado surge el ánimo por superarse; que por cada atajada imposible nace lo posible; que en cada cambio de orientación se anuncia que todo se puede permutar; que en cada desmarque crece un grito contra la desesperanza; que cada apertura a la banda es un ensanche a la ilusión y, que por cada pase de 40 metros se da un paso más para seguir avanzando.
Son albos, caciques, son eternos campeones. Sólo la divina providencia sabe de cuál será su futuro, pero independientemente de lo que el porvenir les depare, recuerden que algún día defendieron algo más que un sentimiento y unos colores inmortales. Ahora no lo saben, pero tras cada entrenamiento, cada partido, en su lucha permanente por superarse y dar lo mejor de sí mismos, se establece un diálogo con el futuro y un encuentro con las poderosas fuerzas que les brindará la oportunidad de tumbar murallas y cruzar desiertos.
FUERZA ALBA

