DESDE ESPAÑA CON AMOR | El astronauta

Estimad@s colocolin@s y quienes se molestan en leer y analizar mis columnas semanales, aquí estoy de nuevo y, en esta ocasión, sacando a flote unos sentimientos  que llevo adentro a modo de confesiones; ese tipo de confesiones que son imposibles convertir en mentiras porque al corazón no se le miente ni se le engaña. De tú a tú, con la sinceridad como bandera y con el respeto debido a un grupo de enormes personas que he ido conociendo en la distancia durante estos últimos meses.

Autor | José Luis Peña 

Arranco esta nueva columna haciendo una especie de biografía estacional para una mejor comprensión de lo que pretendo transmitir. En primer lugar, os debo decir que soy nacido en España, que resido en mi país de nacimiento y que nunca pisé tierra chilena ni tengo vinculación familiar alguna con Chile. Del cómo y el por qué surgió este amor por una tierra lejana, distante, donde nos separan cerca de 11.000 kilómetros (Kilómetro arriba, kilómetro abajo) y enfrentados a dos hemisferios opuestos, sería tarea ardua y compleja. No me asusta desnudar mis sentimientos, ni mucho menos, pero en no muchas ocasiones yo también me planteo dicha cuestión. Lo cierto y verdadero es que este amor viene de lejos y ha ido creciendo a cada día vivido, a cada mes transcurrido y a cada año pasado. Doy fe de ello. No solo yo, si no que en este viaje me acompaña quien desde hace 24 años es mi escudo protector, mi segunda piel, mi refugio y mi cortafuego: mi señora esposa. Sin ella, todo este presente sería imposible, os lo aseguro. En segundo lugar, espero que disfruten como yo de esta especie de viaje interestelar que vamos a emprender.

Os preguntareis el por qué del título que lleva esta semana la columna. Paso a responderos de forma directa y clara; porque en estos instantes me siento así, como un astronauta al que soltaron al espacio para explorar nuevos mundos, nuevas estrellas y nuevas galaxias. Y en una de estas galaxias me encuentro ahora. La enorme, bonita, extensa y acogedora a la que yo bauticé hace tiempo con el nombre de “Galaxia Colo-Colo”. Estoy en esa fase del viaje en la cual sabes de sobra que llegaste al punto que tanto deseabas encontrar, en la que ordenas parar los motores y sacas el periscopio para observar cuanto te rodea. Admiras, desde el sosiego del viajero las maravillas descubiertas, al mismo tiempo que intuyes que a cada momento nuevas y espectaculares vistas surgirán ante ti.

Es tiempo de emocionarse, de sentir, de contemplar, de explorar, de dar y recibir. La “Galaxia Colo-Colo” no da respiro, vive, se mueve, gira sobre sí misma y tú con ella, se expande y parece no tener límite alguno. Y yo en medio, sobresaltado, excitado por momentos, siendo consciente que arribé al punto donde quería estar y en el momento justo. Se acabaron -esto a los más jóvenes tal vez les pueda sorprender– los largos años de travesía donde toda comunicación se realizaba desde la más profunda soledad del corredor de fondo, esto es, un mundo donde no existía Internet, ni Google, ni móviles (celulares) y todo quedaba a expensas de alguna mención de vez en cuando en algún medio de comunicación y poco más.

LA LLEGADA A MACUL

Macul es el centro neurálgico de la “Galaxia Colo-Colo”. Se ubica en medio de ella, equidistante de cualquier punto de la galaxia. Enseguida me percaté de que me encontraba en un lugar especial, tan especial y maravilloso, que el pueblo Arellano lo habita desde tiempos inmemoriales, de cuando las postales y fotografías eran en blanco y negro, colores que, por cierto, identifican a dicho pueblo. Uno de mis sueños, una vez roto el silencio de unas comunicaciones entrecortadas por la distancia y que me llegaban a cuentagotas era convertirme en uno de ellos, ser uno más, e hice exactamente lo que mi corazón me dictaba desde hacía mucho tiempo. Acudí al templo de reunión del pueblo Arellano, un lugar llamado “Monumental David Arellano”, espacio abierto a los sueños, la esperanza, que es sostenido por cientos y cientos de corazones y almas que forman una amalgama de sentimientos de difícil explicación. Este astronauta que os escribe no tiene palabras suficientes para describir lo sentido cuando el pueblo Arellano lo recibió con los brazos abiertos y le permitieron formar parte de esta gran familia. De repente, casi sin notarlo, me convertí en parte de algo mágico, intangible pero real como la vida misma y, donde me permitieron hacer realidad un sueño.

ESTRELLAS

Lo primero que sorprende al viajero que se adentra en la “Galaxia Colo-Colo” es su luminosidad. Al principio te asombra tanta luz, es como si nunca hubiera noche y te preguntas de dónde proviene tanta claridad. Pronto descubres el misterio. Una vez asentado en territorio Arellano y con el sosiego y paz adquiridos compruebas que toda esa luz proviene de un grupo de estrellas situadas a lo largo de los confines de la galaxia. En mi caso llegué a contar 30 cuando me convertí en ciudadano del pueblo Arellano, pero tuve la inmensa fortuna de ver nacer en directo una estrella, la que hacía el número 31, a pesar de la enorme tormenta que ese mismo día se desató sin previo aviso. Pronto descubres que con cada estrella nacida el brillo y fulgor que reinan en la “Galaxia Colo-Colo” se hace más potente, más visible, a modo de faro que guía y protege a los habitantes del lugar. Cada año miles de corazones miran, como si de un ritual ancestral se tratase, al horizonte en busca del advenimiento de una nueva estrella. El pueblo Arellano, sabio él, es consciente que dicho nacimiento no es siempre posible y entonces, en vez de caer en la tristeza, la desolación, en la rabia y el llanto, se conjuran y piden con sus corazones y almas por la nueva estrella que está por venir.

No quisiera cerrar mi cuaderno de bitácora por hoy sin hacer mención a otra particularidad existente en la “Galaxia Colo-Colo”. Tiene concomitancias con lo anteriormente expuesto. La brillantez y claridad existente no es debida solamente a ese grupo de 31 estrellas que rodean y abrazan a toda la galaxia, sino que también es producto de cientos y cientos de estrellitas que con su ilusión y esperanzas, con sus tristezas y alegrías alumbran unos caminos abiertos al horizonte. Son esa parte del firmamento que con su labor, su esfuerzo y trabajo levantan barreras y forjan el alma de un pueblo que luce con orgullo ser albo, cacique, el más popular y eterno campeón. Algunos desde el silencio y el anonimato y otros utilizando cuantos recursos tienen a su alcance, consiguen que esa luz poderosa que gobierna a esta galaxia nunca se apague.

Como es de comprender, para no caer en la omisión de datos o dejar de nombrar a alguien, no voy hacer mención alguna sobre personas o entidades que pueblan este universo fantástico, pero sí lanzar desde el control de mando de esta nave mi más profundo reconocimiento. A todos y todas quien desde la distancia abre vías de amistad; a quienes expresan a través de las letras el devenir de sus estados de ánimo o nos embarcan en reflexiones y análisis, nos cuentan viejas historias o describen el acontecer diario de nuestro querido y amado club; o de quienes utilizan sus voces para llevarnos de manera directa y sin filtros toda la actualidad cacique, quitando horas al sueño, robando momentos al descanso y dejándose la piel para que la gran marea alba se encuentre informada minuto a minuto. A tod@s gracias de corazón por vuestro esfuerzo, compromiso y fidelidad a unos colores que nos envuelve, rodea y acaricia, independientemente de donde nos encontremos.

Ahora que yo soy uno más de esta constelación que llamamos pueblo Arellano, ahora que habito y recorro los caminos de esta enorme galaxia, grito con todas mis fuerzas:

FUERZA ALBA