Estimad@s colocolin@s y cuantos siguen mis columnas, en el día de hoy vamos a intentar abarcar una temática que bordea varias fronteras al mismo tiempo y que en el mundo del fútbol se da con más frecuencia de lo que es de suponer. La cuestión en sí es el miedo o temor a perder que aparece tanto por parte del entrenador como en jugadores en partidos puntuales.
Autor | José Luis Peña Follow @QuincyChile
Se entiende por síndrome (fuera del contexto que se le da en medicina, psiquiatría y psicología), como el “conjunto de fenómenos que caracterizan una situación determinada”, mientras que la palabra miedo no hace mención al término fobia, sino al “recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea”. Una vez aclarado y teniendo los conceptos claros de lo que se entiende por síndrome y miedo, nos será mucho más fácil el entender a donde pretendo llegar.
La idea de todo equipo de fútbol que vaya a disputar un encuentro (da igual que sea amateur, semiprofesional, profesional o por puro divertimento), es ganar el envite. Nadie sale derrotado de antemano ni da por hecho que todo el pescado está vendido y, mucho menos en un deporte como es el fútbol, donde las variantes son infinitas y donde el factor sorpresa tiende a surgir cuando menos lo esperas. No hay (o no debiera de haber) jugadores ni entrenadores que den un partido por perdido antes de empezarlo a jugar, aunque las distancias (económicas, de plantilla o por los objetivos que se luche) entre ambos contrincantes sean siderales.
Partamos de una base clara que es extrapolable a la vida misma; el miedo, y la angustia que este fenómeno conlleva, no es buena consejera ni compañera de viaje, pero en no muchas ocasiones (retomo el tema del fútbol), surgen y crecen al fuego que genera las dudas, un miedo, casi patológico, a no perder un partido. Todo entrenador puede enfocar un encuentro siguiendo estos tres supuestos:
A) Haciendo un planteamiento valiente y jugándosela el todo por el todo, sin complejos, de tú a tú, que alguien definirá como kamikaze.
B) Organizando un equipo ultradefensivo, cobarde a la hora de proponer y mezquino en cuanto a juego, que alguien podrá definir como un táctica suicida.
C) Utilizando cuantos recursos posea de una manera racional, sin volverse loco, sabiendo que es lo que se tiene y a quien se enfrenta.
Pero, y siempre hay un pero, en algunas ocasiones aparece de manera espontánea un fenómeno psicológico que lo invade todo, que transita desde la esfera personal y acaba por imbuir a la persona en un mar de dudas, de miedos y recelos. Es entonces cuando un entrenador (me fijo en su figura puesto que es encargado de plantear los partidos) se autocapacita para deshacerse de sus principios, destrozar los esquemas anteriormente empleados y transmitir con sus acciones la sensación de miedo a los jugadores.
Existen unos principios básicos en el mundo del fútbol que casi nunca debieran ser tocados y que son inspirados en función del equipo que se disponga. Un ejemplo válido de estos principios intocables consiste en hacer defensivo (en un momento determinado) a un conjunto fabricado y pergeñado para el ataque. El pánico generado por la idea insana y recurrente de protegerse en exceso puede destruir y echar al cubo de la basura todo ideario y principios propios. La consigna impuesta es no perder y si para ello tengo que aniquilar y hacer saltar por los aires todo mi discurso anterior, se dará por buena esta transformación camaleónica. El problema sobreviene cuando desde el miedo se rompen los esquemas y la forma de juego habitual. Es cuando el caos y la improvisación hacen acto de presencia y el desorden se adueña de cuantos están en la cancha de juego.
Un equipo no se improvisa. Sus cimientos han de ser sólidos. Se tiene que ser consciente del plantel disponible y de lo que se puede sacar de él. Con el miedo vagando libremente en la cabeza de quien rige los destinos de un equipo (hablo de equipo y no de club) es muy difícil hacer saltar la banca. Todo se vuelve confuso, gris y las teclas tienden a desafinar.
Uno, dentro en su modestia y humildad, puede entender y entiende a entrenadores, jugadores y aficionados el miedo que puede surgir a ser goleados en un determinado encuentro de fútbol. Cuanto más grande sean las distancias establecidas entre ambos equipos mayores es la posibilidad de golear o ser goleados. Estoy pensando, para poner un ejemplo, en nuestro compañero de viaje en Copa Libertadores, el Cobresal. No es complicado ponerse en la piel del técnico y jugadores cobresalinos cuando se tienen que enfrentar a transatlánticos tipo Corinthians. Lo que no entiendo y se me escapa de las manos es lo ofrecido por Colo-Colo en la primera parte de su encuentro contra Atlético Mineiro. El estudio del rival fue tan prolongado que lo único que realmente contaba era no exponer la pelota y fiarlo todo a una genialidad o a un golpe de suerte. Resultado final de este planteamiento: centrocampismo a ultranza y mal juego, o lo que es lo mismo, la pérdida de valiosos minutos por el afán especulador y por el temor a recibir un tanto.
Se tiende en la mayoría de las ocasiones a confundir respeto con miedo a perder. Jugando como local y disponiendo de una plantilla sobradamente experimentada y de la cual sabemos que aporte puede llegar a dar, es miserable recular y olvidarse de los principios por el terror a que nos marquen un gol en contra. Colo-Colo no es el típico conjunto débil y sin apenas recursos que dura en pie lo que tarda en llegar el primer susto en forma de gol. Ni tan siquiera tratándose de una final el planteamiento debiera ser tan pobre. No quiero ni imaginar si en próximas rondas al conjunto colocolino le tocase a River Plate, Boca Juniors, Gremio de Porto Alegre o Atlético Nacional.
El miedo a perder genera dudas, inseguridad y alarga (como es en una fase de grupos) el calvario. Ahora resulta que nuestro equipo se tiene que preparar para disputar tres finales consecutivas para intentar saltar a la siguiente ronda. El miedo y el temor de salir derrotados dañan el crédito conseguido y perjudica seriamente los propósitos iniciales. Bloquea el juego y maniata el talento, no solo de quien está al frente de la nave si no a los propios jugadores.
Esta columna saldrá a la luz el próximo día jueves 17 de marzo, horas después del encuentro Atlético Mineiro vs Colo-Colo. Tan solo espero y deseo que para ese día no tenga que volver a abordar el tema de los miedos, los temores y el espanto por perder un partido.
FUERZA ALBA
















