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Autor | José Luis Peña
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Estimad@s colocolin@s y a cuantas personas sobreviven a pesar de leer mis columnas semanales, demostrando un valor que para sí quisieran l@s amantes de las novelas de terror: en esta memorable ocasión (se me subió el pavo, lo sé) intentaré explicaros que dentro de este mundo llamado fútbol, independientemente de la época en que nos encontremos, el silencio no existe. Da igual que nuestro equipo se encuentre en pretemporada, en plena competición o de vacaciones, que siempre habrá un hecho, un acontecimiento o una serie de sucesos que impedirán que el silencio reine por unos días.
El hombre, a través de su historia, ha ido creando escalas que nos han facilitado – y de que manera – el entendimiento rápido y eficaz de ciertos fenómenos y hechos que de otra forma necesitarían de un todo un tratado de 679 páginas. Las escalas son como ese gran resumen que con un par de vistazos, nos ayudan a visualizar lo que está ocurriendo, lo que puede suceder o lo que presumiblemente acontecerá. Nos permiten evaluar una situación en tiempo real; nos acercan con pocas palabras a unas previsiones que se pudieran dar y, fundamental, ayudan a mitigar y/o solucionar posibles problemas.
El ser humano ha ido confeccionando a través del tiempo una serie de escalas que abarcan todas las ciencias y conocimientos. Las hay de todos gustos y colores; desde la que mide la velocidad del viento (Escala Beaufort), la que mide el nivel de consciencia en estados comatosos (Escala Glasgow), la que se aplica para medir la intensidad en terremotos (Escala Richter), la que cuantifica el estado del mar en función de la altura de las olas (Escala Douglas) o las que regulan la fuerza e intensidad de ciclones, tornados, tifones y huracanes (Escala de Fujita, Escala de Saffir- Simpson). Incluso tenemos una escala de valores. Escala que todo el mundo intenta aplicar en su devenir diario, que por desgracia suele saltar por los aires cuando el dinero, el poder, el negocio mal entendido y el afán de dominio (lo que llamamos una ambición desmedida) entran en acción. Pero esto es ya otro cantar.
Antes de proseguir con tan magnífica disertación (hoy estoy por auto regalarme medallas), quisiera saber si el número de deserciones entre mis lectores aumentó o permanece estable. Si a alguno de ustedes le entraron tentaciones de pegarse un tiro en el pie; si sienten que los ojos se les cierran y empiezan a surgir bostezos o les viene la extraña idea de salir corriendo al supermercado más cercano en busca de dos botellas de ron, no se apuren. Ahora empieza lo realmente bueno y lo que jamás se perdonaría en caso de perdérselo. Sean valientes. Afronten esta cruel realidad con toda la predisposición de que sean capaces, sabiendo que tarde o temprano toda esta tortura tendrá su final.
COLO-COLO SIN SILENCIOS
Aunque nadie todavía se haya atrevido a idear una escala para el silencio (al menos a mi no me consta, lo hubiese sabido desde hace tiempo) y, conociendo desde hace un buen rato – gracias a Simon & Garfunkel – que el silencio también posee sonidos, voy a intentar explicaros de una manera ágil y didáctica del por qué y el cómo en Colo-Colo nunca asoma el silencio. Para ello fabriqué mi propia escala, que aun siendo válida para cualquier equipo del planeta, va enfocada al Cacique, que dicho sea de paso, no es un equipo cualquiera.
La escala colocolina que lucha ante el aterrador silencio que no deja escuchar nada se basa en tres puntos. Puntos que transcurren en función del periodo de tiempo en el cual esté situado nuestro querido y amado club y, que se corresponden a algo llamado pretemporada, competición y vacaciones. Cada uno de ellos con sus propias reglas, sus propios códigos e idiosincrasia. Con un lenguaje exclusivo, definitorio y muy diferentes entre sí, pero que tienen la peculiaridad de entremezclarse, de revolverse, de unirse o separarse según sean las circunstancias que se estén dando.
1-BALBUCEO
Correspondería a lo que se llama pretemporada, una especie de viaje iniciático que sirve, entre otras cosa, para a poner las bases que marcarán el transcurrir del equipo a lo largo y ancho del campeonato venidero. Es el nacimiento. El despertar de un largo letargo. El sonido emergente en este tramo es el de la incertidumbre y las dudas. Es hora de engrasar la maquinaria, de ir puliendo defectos, de ensayar, de entrenar, de adquirir automatismos, de ir conociendo a los nuevos jugadores y calibrar en qué estado llegaron los más veteranos. Es tiempo de estudiar, analizar y escrutar.
De ponerse en forma y de engranar todos los mecanismos para un perfecto funcionamiento. Nosotr@s observaremos con lupa todo cuanto acontezca.
Miraremos de reojo y nos surgirán sensaciones tan dispares como la esperanza o el temor. No disiparemos dudas puesto que el eje del fracaso siempre estará presente y porque el futuro es imprevisible, pero al mismo tiempo el hado de la ilusión y la esperanza nos acompañarán.
Son instantes fugaces de felicidad, de incertidumbre. Son tiempos de dibujar esbozos y de pintarrajear el signo de la victoria a base de pequeñas pinceladas.
Son momentos de poner el nuevo proyecto en marcha. Y nosotr@s mirando. Sufriendo pero al mismo tiempo contentos por ver de nuevo a nuestro equipo vestido de corto.
2-GRITO
Empieza lo bueno. Es hora de competir.
Se acabaron los ensayos. Comienza la hora de la verdad. No hay vuelta de hoja.
La esperanza se puso en marcha, una esperanza que se dividirá en dos en función de los acontecimientos. Dio inicio el bullicio, la algarabía. Es la época del sudor frio, del corazón a mil por hora. Se grita, se canta, se anima y se salta al son de la pasión. Estamos inmersos en plena dualidad. En cuestión de segundos pasamos de mirar la hora para saber cuanto falta para la conclusión del partido a suplicar que se acabe ya.
Luchamos por igual con un marcador favorable que uno adverso. Las pulsaciones revolucionadas pasando de la hibernación al frenesí. Recorremos todo el catálogo de sensaciones y sentimientos inimaginables. Hoy juega Colo-Colo. No es un día cualquiera. Da igual donde lo haga; en la ruca, doblando las esquinas de Chile, a orillas del Pacífico o a los pies de los Andes.
Imposible acoger el silencio. Palabras al aire y pensamientos acelerados. De 0 a 100. Sin escapatoria. Se viene el Cacique, el más popular. Algo grande se avecina, para bien o para mal.
Y así partido tras partido. A encontronazos con la victoria y la derrota; la alegría y la tristeza; la esperanza y el desánimo. Con el grito de dolor a cuestas y la rabia por sombrero, o con la mayor de las felicidades gritando a pleno pulmón cada gol del más grande. Así viajaremos durante todo el tiempo que dure la competición, con altibajos, sobresaltos, en vuelo acrobático, en caída libre o alzando el vuelo. Planeando. En vuelo rasante.
Dando giros. Visualizando un horizonte que se nos viene encima. En trayectoria ascendente o descendente. Es la otra parte de la competición. Saboreando victorias y mascullando derrotas. Siempre exigentes. Eternamente vigilantes. Conformes o disconformes.
Críticos y severos. Hasta que la competencia acaba y el mundo parecieran caérsenos encima. Pero no. No es así.
3-RUMOR
Llegó el final casi sin darnos cuenta. El destino nos alcanzó. Nos dio caza. Nos atrapó. Somos conocedores de que todos aquellos gritos lanzados durante tanto tiempo se perdieron en el pasado. Colo-Colo cierra por vacaciones. Bajó la persiana. Toca descansar, pero nosotr@s no lo asumimos. Nos falta algo. Sentimos un vacio tremendo que no logramos rellenarlo ni con el más bonito de los sueños. Sentimos tristeza y el desasosiego campa a sus anchas, preguntándonos ¿y ahora qué? La sensación es de habernos quedado sin voz, sin grito que lanzar. Pasamos de 100 a 0 sin antídoto posible. Nos resistimos a instalarnos en los sonidos del silencio.
Queremos volver a alzar nuestra voz.
Nos negamos a aletargar nuestros sentimientos. Creemos vagar por el desierto y un cosquilleo nos invade todo el cuerpo con el sólo hecho de pensar en el tiempo que durará esta sequía.
Pero amig@s, que no cunda el pánico.
Cuando una temporada concluye se entra en un periodo de reflexión, de análisis. Es hora de rebobinar pero también de creer en el futuro. Son tiempos de rumores, rumores que acallan el silencio. Que demuestran que no todo está perdido. Que hay vida después de la lucha. Que el tiempo no se detiene. Que el futuro asomará por la esquina tan rápido como le sea posible.
Necesitamos el descanso que todo guerrer@ requiere. Es ley de vida. Es ciclotímico. Inevitable.
Son semanas que sirven para pasar página y fomentar nuevas ilusiones (si todo salió mal), de juntar fuerzas y seguir soñando en alto. Creemos en el mañana.
Colo-Colo parece lejano, pero lo tenemos ahí. A tiro de piedra. No se fue para siempre. Simplemente descansa, se toma su tiempo y se vuelve a reinventar. Y nosotr@s cerca, más bien pegaditos, combatiendo el tedio a base de rumores, a medio camino entre el susurro y el murmullo. Con el arrullo meciendo los sueños, hasta que de nuevo todo vuelve a fluir. El cielo se despeja de nubarrones y volvemos de a poquito a afinar la garganta con ese suave y enternecedor sonido que es el balbuceo.
Si lograron terminar de leer esta columna sin necesidad de tener que acudir a algún servicio de urgencias hospitalaria, les aseguro que también podrán soportar el extenso periodo vacacional que nos espera en Colo-Colo.
Porque para cuando queramos darnos cuenta, pasaremos de cantar esta canción de cuna que ahora entonamos a percibir muy de cerca el runrún del futuro hecho presente.
FUERZA ALBA

