DESDE ESPAÑA CON AMOR | Sentimientos en cuidados intensivos

Autor | José Luis Peña

Estimad@s colocolin@s y a cuantas personas- saltándose las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud- leen mis columnas semanales: antes de nada y sobre todo es menester desearos un feliz 91 cumpleaños, aunque sea con carácter retroactivo. Cumpleaños que no fue del todo dichoso y que se vio parcheado tras una estrepitosa derrota en el Monumental David Arellano ante Palestino por 1-3 y el efecto dominó que se originó una vez concluido el partido.

Entre declaraciones de guerra a modo de guerrilla de unos; el silencio de otros y la huida hacia delante de los demás, lo cierto y real es que nuestro amado y querido equipo no está atravesando por los mejores momentos deportivos que se diga, a lo que yo añadiría, que tampoco institucionales. (El efecto dominó y el sálvese quien pueda)

La dolorosa derrota sufrida no sólo trajo consigo un alejamiento de los puestos punteros del Clausura 2016 y la sensación de que la tan anhelada estrella 32 se apagó definitivamente en el infierno del olvido. Dicha debacle abrió viejas heridas no cicatrizadas y se entró en esa peligrosa dinámica que se denomina “efecto dominó”, consistente en el “inicio de una cadena de eventos que culminarán en un evento posterior no deseado, sin establecer o cuantificar las contingencias relevantes”. Me puse académico, lo sé, pero era necesario hacerlo para así entender mejor lo que sobrevino después del desastre contra los árabes.

La guerra de declaraciones posteriores realizadas por José Luis Sierra, Julio Barroso y Jaime Valdés en un espacio corto de tiempo, reafirman mi teoría. La cascada incesantes de manifestaciones por parte de los arriba mencionados, cada uno por separado, terminaron por convertirse en un monólogo quejoso, con cierto aire de reproches que apuntaban a dianas en movimiento, pero cuyos dardos envenenados no se sabía muy bien a quien iban dirigidos, salvo en contadas ocasiones.

Vi a un José Luis Sierra a la defensiva, sobre todo en el tramo final de su exposición, donde declaró sin pudor que:”Cuando ganamos siete partidos consecutivos en el torneo pasado me preguntaban si el equipo era entretenido o no”, o cuando le dio por sacudir golpes a diestro y siniestro (incluidos socios, aunque se libró de nombrarnos) diciendo aquello de:”más allá de cualquier resultado, siempre ha habido un cuestionamiento a lo que nosotros hemos hecho”.

Para una vez que abre la boca y le da por decir su verdad – que no tiene que ser necesariamente la nuestra – dejando de lado su habitual discurso plano y soporífero, va y arremete, supongo, contra ciertos medios de comunicación y el pensamiento arraigado en gran parte de la masa social colocolina. Cuanto menos triste y algo desolador tirar a dar cuando no se tienen argumentos válidos que justifiquen el estado actual del equipo.

¿Y qué decir del discurso de Julio Barroso? Sonó a sinceridad, pero a una sinceridad tardía, cuando casi todo está perdido y que en el fondo hicieron daño al socio y aficionado albo que no siendo del plantel lo venía advirtiendo. Su gran frase (no solo por extensión) sonó como un puñetazo en la mesa, pero al mismo tiempo denotó que nos estaban queriendo engañar durante estos últimos tiempos y, así por fin pudimos saber el por qué nos quedamos fuera de Copa Libertadores y a punto de liquidar la estrella 32:”Esto es la crónica de una muerte anunciada. Lamentablemente hay que ser sinceros y esta es nuestra realidad. El fútbol es 10% suerte o milagros y el 90% es trabajo. En este terreno ya exprimimos ese 10% y cuando necesitamos de lo otro no lo tenemos. Así nos pasó en Copa Libertadores y en el torneo”.

Nuestro querido Julio Barroso nos indicó la quintaesencia del por qué, el cómo y por dónde vinieron las lluvias que nos están azotando. El frente tormentoso no fue originado por la prensa ni por un buen puñado de simpatizantes del más popular, no. La borrasca arrancó desde el mismo corazón del equipo. Al menos, don Julio Barroso nos sacó de dudas.

La guinda a este pastel amargo la puso otro peso pesado del vestuario (camarín) albo. Me estoy refiriendo a las declaraciones de Jaime Valdés, cuyas flechas tomaban un efecto boomerang que resonaron a autocrítica: “… cada uno de los jugadores debe hacerse un examen de conciencia y ver si está haciendo todo lo posible por contribuir al equipo.”; a reproche: “… el plantel no es numeroso y eso nos pasó la cuenta… “, para acto seguido retomar el asunto de la falta de fondo de armario dentro de la plantilla, con la corta y precisa sentencia: “Creo que es un problema de plantel corto…”.

Se estableció el sálvese quien pueda arrojando verborrea a destiempo, con declaraciones cruzadas que apuntaban al norte para comprobar más tarde que la verdadera trayectoria era en círculo; entablando una especie de guerra dialéctica por ver quién decía la mayor de las verdades y quien llegaba más lejos en su análisis. La conclusión final que nos quedó de todo este dislate fue la presunción de una revuelta o rebelión a bordo ante unos acontecimientos ya sabidos y que nadie se tomó la molestia de ponerles coto. Demasiado tarde, ¿no os parece?

Sin plantilla suficiente y para colmo de males, dividida, señalada y cansada poco se puede esperar, salvo un aporte extra de esa energía que parece faltar para acabar de la forma más digna lo que nos queda de campeonato. Difícil reto el propuesto cuando se estableció un estado generalizado de nervios que alguien intentó aplacar con una reunión entre Aníbal Mosa y los capitanes del equipo y el cuerpo técnico. Veremos si todo este fuego cruzado no trae consigo damnificados dado el alto riesgo de ruptura existente.
(Estigmas)

¿No os da la impresión de qué estamos ante unos hechos que conocíamos tod@s de sobra? Con todo el dolor de mi corazón siento que todo esto se pudo evitar hace tiempo; que pareciera que nos tomaron el pelo e intentaron que mirásemos hacia otra parte. Es como sentir que nos adjudicaron (al socio, hincha, aficionado, simpatizante, seguidor…) el papel de tont@s de la película, desviando intencionadamente la auténtica realidad del equipo. Y todo esto deja huellas y señales profundas.

Nos sentimos ninguneados, engañados y hasta estafados (yo personalmente, sí) tanto por las formas en que se está gestionando el club como en los modos de actuar una vez sobrevenido el desastre deportivo.

Una vez abiertas las compuertas de desagüe y puestas las cartas sobre la mesa, es responsabilidad de quienes gobiernan Colo-Colo de taponar cuanto antes las vías de escape para evitar, en lo posible, la floración de nuevas hemorragias. Es mi deseo que toda esta diatriba no vaya a más; que se tomen las medidas oportunas y no se intente cerrar una herida profunda y sangrante con unas simples tiritas. El daño ya está hecho y cicatrizar las llagas llevará su tiempo.

Es cierto que estamos atravesando por tiempos convulsos creados y fomentados por personas tal vez ineptas para dirigir, guiar y conducir la gran nave colocolina, pero ya que están en sus puestos y no tienen intención de abandonar a las primeras de cambio sus asientos, sería bueno que tomasen nota de lo ocurrido y aprendiesen la lección. No creo que sea mucho pedir. Por pedir, les pediría más silencio y menos gritos al aire; más trabajo y menos cuentos de la lechera; más transparencia y menos renglones torcidos y, ante todo y sobre todo, más respeto y menos desconsideración hacia quienes sí amamos realmente a este nuestro club.

Las heridas se encuentran abiertas de par en par y cerrarlas costará un triunfo y, a pesar de todo ello seguimos con opciones matemáticas de conseguir la tan ansiada estrella 32. Hasta que los números no digan lo contrario (es posible que el martes 26 nos quede todo aclarado o no) de seguro que se seguirá peleando por alcanzar de nuevo la gloria, pero me temo que será harto complicado. Demasiado daño causado para tan poco margen de movimiento; con señales y estigmas en cuerpo y alma que seguro dejarán marcas visibles; muchos frentes de batalla y muy poca artillería e infantería con que responder y con un campo de aterrizaje demasiado pequeño que seguro nos hará salir de pista. Solo espero estar equivocado y que tod@s podamos de nuevo cantar un triunfo que nos aúpe de nuevo a la gloria, aunque dicha gloria dependa de lo que hagan o dejen de hacer otros equipos. Cosas que tiene el fútbol.
(Debieran saber)

Es probable que nos estemos cayendo a pedazos. No lo sé. Pero si sé y es cierto que siempre que nos tumbaron (me refiero a la masa social que habita el pueblo Arellano) logramos ponernos en pie. Debieran saber (cuerpo técnico, jugadores y quienes pilotan nuestro club) que somos inquebrantables y luchadores natos, que nuestro amor por Colo-Colo no es un amor de verano, ni se forja en el nombre del interés. Quisiera hacerles ver que no somos veletas al viento ni remamos a favor de corriente. Desearía convencerles de que el edificio que en su día levantaron un puñado de rebeldes no se derriba así como así; que no somos de ida y vuelta y que nuestro amor es verdadero, sincero y limpio.

Debieran saber que a cada vaivén, a cada sacudida a nuestro corazón, a cada destrozo ocasionado, a cada golpe dado, siempre respondemos. Somos los que sufrimos el fuerte oleaje de las galernas y los que nos agarramos a cualquier saliente cuando nos vemos inmersos en plena caída a los abismos. Siempre, y siempre ha sido así, somos los que navegan con viento a favor o en plena turbulencia. Somos quienes cuando vienen mal dadas insuflamos a nuestra nave ese viento de cola necesario para poder seguir volando. Simplemente somos, que no es poco, una enorme legión de gladiadores dispuestos a guerrear y plantar batalla. Porque no podrán con nosotr@s por mucho que nos silencien y nos tengan arrinconados en una esquina. Debieran saber que a pesar de tener nuestros sentimientos en cuidados intensivos, nuestro grito es y será:

FUERZA ALBA

*Columna dedicada a Desiree Cruz Lacroix y Roberto Quintana Ramírez, cuyas vidas personales están pasando por momentos complicados.