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Estimad@s colocolin@s y a toda aquella persona masoquista intelectualmente que no se pierde una de mis columnas: justo después de terminar el partido Colo-Colo vs Santiago Wanderers, empiezo a confeccionar esta mi nueva columna. En caliente, sin dejar reposar el caldo de sensaciones vividas a través de la distancia en una jornada apasionante y llena de incertidumbre.
Autor | José Luis Peña
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Lo lógico, lo normal, lo sensato y lo que se supone es la línea a seguir, consistente en analizar, desmenuzar e intentar explicar lo acontecido en los últimos meses con nuestro equipo del alma, no lo voy a aplicar. ¿Razones? Varias. Aquí va el catálogo, a modo de biografía del por qué no voy a adentrarme en un pasado que nos afectó – y mucho – el presente.
Mi lógica me dicta nadar contra corriente; mi normalidad desapareció entre sueños, brumas y anhelos; mi sensatez se dio a la fuga y mis líneas actuales es no ser repetitivo y cansino con temas y asuntos ya abordados en otros trabajos.
Quisiera empezar dando las condolencias a toda la hinchada de Deportes Concepción y reiterar en este trabajo mi profundo pesar por lo sucedido. Sé que debiera estar vacunado contra este drama consistente en la desaparición de un equipo de fútbol, teniendo en cuenta que escribo desde un país donde el número de equipos que dejaron de existir es enorme. Pero no logro conseguirlo. Lo llaman empatía.
POR PAISAJES DESOLADOS
De repente, casi sin previo aviso, te anuncian que tus sueños, tu pasión, la fuerza que genera unos colores y que moviliza cuerpo, mente y alma, te la arrebataron como quien quita un caramelo a un niño chico. Te encuentras desubicado, te convierten en huérfano a la fuerza y sin un horizonte al que mirar.
Es como si cielo y tierra se fusionasen. Se pasa en un santiamén de residir en la esperanza, el orgullo y la alegría de habitar una casa a vivir en el más extremo de los páramos, lugares azotados por tremendos vientos heladores y castigados por las inclemencias de un sol de justicia, donde es imposible buscar refugio. Te lo quitaron todo. Como hincha sientes rabia, impotencia, con la cruel sensación de que te abandonaron en medio de la nada, sin agua ni alimentos. Desnudado.
Te conviertes en un corazón partido. En un naufrago a la deriva. Sin compás, ni brújula, ni cartas de navegación. Quieres lloras pero te es imposible. Deseas gritar pero un nudo en la garganta te lo impiden. Cierras los puños. Aprietas los dientes. El dolor es intenso. Desmontaron tú pasado, quebraron el presente y al futuro lo tiñeron de negro. Agonía sin fin. Sin visos de recuperación. Tú y tú soledad pesándote como un yunque al cuello. Te dejaron sin nada. Sin aire que respirar, sin espacio para moverse y ahogándote en tu propia desesperación.
Con todo ese dolor sobre las espaldas se intenta sobrevivir como buenamente Dios te dio a entender. Todo es vacio.
Afuera sopla el viento que todo se lo lleva; potente, riguroso e inquebrantable.
Aullando con fiereza sus penas. Seco, árido e intratable de día; gélido, siniestro y fantasmagórico de noche. Con una mirada perdida en horizontes que desaparecen entre la espesura de unas nubes que amenazan con tragarte, con envolverte y dejarte desamparado y perdido. Ruge tú corazón dolorido. Con el alma hecha girones. Te quitaron algo que te pertenecía. Finiquitaron y dieron muerte a una forma de sentir, de vivir. Sentenciaron la pasión, el amor y la dignidad. Te arrebataron el tesoro más preciado. Sepultaron cuanto de ilusión poseías. Enterraron tus recuerdos.
Anegaron la esperanza. Cubrieron de cemento el valle donde habitabas.
Hicieron de tus sueños, pesadillas.
Enrabietado, tal vez furioso, caminas por ese paisaje desolado que presenta el páramo. Sin árboles ni vegetación alguna, tan sólo algún arbusto. Con la soledad como compañera de viaje.
Tropezando con las piedras. Intentando subir a esa loma lejana para vislumbrar un cielo nuevo. Con el viento golpeándote inmisericorde. Con los recuerdos oscurecidos y con la ilusión escondida entre las rocas.
SEMBRADOS ELECTRIFICADOS
Duro es el camino de cuantos aman y no tienen a quien amar. Fatigoso es el trayecto de quien no tiene camino que seguir. Dolorosa vivencia de tod@ hincha al que fulminaron su equipo del alma.
Asomados al borde de la desesperación sin otra intención que imaginar despertar para comprobar que todo fue un horrible sueño. Pero no es así.
Despertaron la bestia de la angustia.
Quemaron tus raíces. Desecaron tú jardín. Arrancaron las ramas. Marchitaron las flores y desforestaron cuanto terreno pudieron.
Y todo ello con la terrible realidad de saber que quienes te llevaron a ese páramo no pagarán por ello. Están tranquilos. Ni sufren ni padecen.
Confortablemente instalados en sus jardines. Viendo pasar el drama ajeno sin pestañear. Con la conciencia de que hicieron todo lo posible por no hacer nada. Lanzando cantos de sirena para desviar el desastre que se avecinaba.
Haciendo proclamas de amor eterno por un club que sienten lejano. Jugando con los socios. Manipulan y tergiversan la verdad existente. Sus emociones no penden de un hilo. Montan y desmontan a su antojo. Hacen y deshacen con total impunidad. No se encomiendan ni a Dios ni al Diablo. Son los dueños. Los nuevos caballeros feudales. Son la esperanza de nadie. Son las manos que mecen la cuna. Son el ruido de la furia. Cabalgan en sus paraísos protegidos por leyes y normas dictadas por quien no sabe de fútbol y no entiende el sentir del socio, del hincha, del simpatizante o seguidor. Seguros de sí mismos sin estar seguros de lo que hacen.
Consiguieron fama. Ta vez poder. Tienen el control. Poseen el dominio. Impasibles ante quienes somos el auténtico alma de un club. Apartados. Arrinconados. Somos los últimos monos. Ni cuentan con nosotr@s ni desean nuestra opinión, nuestro parecer. Pareciera que estorbásemos. Por mucho que gritemos no nos oyen. Levantaron sus muros.
Fortificaron sus atalayas. Construyeron fosos. Blindaron sus palacios.
Electrificaron sus sembrados. Imposible entrar. Nadie les controla ni les pide responsabilidades. Son los amos y señores de la finca. Se rodean de fieles servidores que les doran la pastilla, les ríen las gracias y pasan sus manos por la espalda. Escuderos. Soldados de fortuna que rindieron y vendieron una esencia, un aroma.
Hasta que viene el desastre. En silencio.
Pisando fuerte. La ruina se sobreviene y no hay tiempo que perder puesto que todo está perdido. Toca huir. Estampida.
Tocaron arrebato. Con el agua al cuello.
Sálvense quien pueda. Sin explicaciones.
Sin muestras de dolor. Eso queda para el hincha, el pagano de toda esta historia.
Se cae el castillo, pero curiosamente, cuando se produce el derrumbe quienes lo forjaron se encuentran lejos. A salvo de toda contingencia. Inmunes. Sentados sobre el dolor y la pesadumbre de quienes debieran ser los verdaderos jinetes del club.
UTOPIALANDIA
Por esto y mucho más me solidarizo con esa afición descabalgada de Deportes Concepción y cuantos clubes cayeron antes. En España, en Chile y en el resto del mundo. Debiera ser hora de cambiar las estructuras que rigen nuestros clubes, y hacer más partícipes a quienes amamos unas instituciones que elegimos libremente. Alma, corazón y vida. Pura pasión. Amor impetuoso. Sin intereses partidistas, sin egoísmos, creando lazos de unión en vez de levantar alambradas de separación. Derribando empalizadas.
Desenterrando estacas. Remando tod@s en una misma dirección. Con nuestros fracasos y aciertos, puesto que el fútbol se nutre de esto. A sabiendas de que no siempre las cosas salen como quisiéramos. Así es la vida y cuanto rodea al fútbol.
Instalados en la utopía mantendremos la llama de la esperanza por buscar un futuro mejor para nuestro club. Bajo una misma bandera. Bajo un mismo sentir.
Bajo un mismo aliento. Creciendo unidos. Ha cubierto de depredadores.
Luchando y dejándonos la piel en el empeño. Y deseando ante todo y sobre todo que nunca tengamos que vagar como almas en pena por esos páramos salvajes que rodean nuestros sueños.
FUERZA ALBA
















