EL FUEGO DEL CAMPEÓN | Circo Pobre

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Hace tiempo que ando con la sensación que todo el mundo ve cosas pero nadie reacciona.

Me pasó ayer, viendo el primer partido de nuestro Cacique en el torneo de Clausura. Un equipo al que le faltan variantes y precisión, sobre todo en el primer tiempo. Un empate. Un punto para empezar en nuestra casa, la casa de los campeones.

Pero no me voy a enfocar en lo futbolístico hoy. Quiero llamar la atención sobre el tristísimo espectáculo del inicio del partido: la entrega (más de un mes después) de la Copa del Apertura.

Ante no más de diez mil personas (para un estadio que alberga cuarenta mil, al parecer les gusta que se note pobreza a los que autorizan los aforos), Colo-Colo recibió su merecido premio de la forma más desabrida, penca, penosa de su historia.

Muchos podrán decirme que no es culpa de los jugadores, que no es culpa mía y un largo etcétera. Pero todos tenemos algo de culpa en esto.

Hace unos días vi una película en un festival de cine que me dejó pensando una sola cosa: si el mundo está como está, es porque la gente buena prefiere mirar para el lado y guardar silencio en vez de actuar.

¿Hasta cuándo vamos a permitir que se lancen fuegos de artificio en las inmediaciones del estadio sin que NI UNA SOLA AUTORIDAD se dirija al lugar Y LOS META A TODOS PRESOS? ¿Hasta cuándo vamos a aguantar que cuatro personajes trepen en la barra, pongan un lienzo y RETRASEN EL PARTIDO PORQUE SE LES ANTOJA? ¿Por qué no los tomaron detenidos para que sean procesados y no entren más al estadio?

El circo pobre que vivimos ayer, recibiendo la Copa y entregándola rapidito, sin vuelta olímpica, sin emoción alguna, es culpa de estos animales que, al parecer para todos pero NO PARA MI, desaparecen con la facilidad de un fantasma y nadie los obliga a hacerse cargo de sus desafortunadas decisiones que transgreden la ley.

El equipo no se merece esto. Colo-Colo no se merece esto.

Foto Gentileza de www.redgol.cl