EL FUEGO DEL CAMPEÓN | Mucho más

derrota

Todo se hace TAN difícil cuando te vemos perder, Cacique. Los que vivimos el fútbol de forma pasional no sabemos muy bien qué hacer. Yo, por lo menos, no pude dormir mucho repasando una y otra vez lo que ha andado mal en este último tiempo: ese gol que no entró, esa desinteligencia que provocó un gol del rival, esa falta de ganas para correr, esa ausencia de espíritu luchador que nos ha costado puntos, ese dirigente que, probablemente, dijo que no se iba a gastar más dinero en contrataciones y que fija altos precios para las entradas, las reuniones de la intendencia que en vez de facilitarle las cosas al hincha todo lo complican…

Todo eso no deja de darme vueltas.

Uno de los objetivos del semestre se ha perdido. Ahora nos queda uno solo. Enfrentar las tres fechas que quedan con la artillería completa y con las ganas de ganar intactas se hace doblemente más complejo cuando uno viene de perder. Pero no nos queda otra. Se espera de un futbolista profesional tener el deseo profundo de sobreponerse sin importar lo que le suceda. Hay un cuerpo técnico que debe mostrar el camino, acompañar, motivar y reencantar.

El problema, queridos míos, es que de Colo-Colo siempre, pero SIEMPRE se espera más.

Hace mucho rato que dejamos de tener alguna chance internacional. No porque nos falten ganas: los jugadores saben lo importante que es y el hincha, por su parte, acompaña. Ayer en el estadio un equipo de menor categoría no nos permitió marcar (junto con 3 palos, mal finiquito y mala suerte). Pero a lo mejor, no nos alcanza con lo que tenemos.

Hay una brecha brutalmente grande entre las expectativas que todos tenemos y lo que el equipo es capaz de hacer. Hoy es así. Los triunfos/derrotas son un constante vaivén de un polo a otro dentro de esa brecha que, hoy, es grande.

Debido a eso, hoy tengo serias dudas sobre lo que podremos lograr. Con un realismo extremo, quizás, y poco razonable para algunos (hay que hinchar hasta el final y todo eso)… Pero es así como me siento hoy.

Ayer fui al estadio con mi papito. Lo abracé cuando llegó, vimos el partido bajo la lluvia, algo cansados. Compartimos una hamburguesa y unas bebidas. Y teníamos la esperanza de sonreir y abrazarnos juntos rodeados de gritos de gol. De goles. Sin embargo, salimos los dos callados, nos fumamos un cigarro en la puerta y nos despedimos con esa pena que sólo nosotros entendemos.

A lo mejor la brecha es demasiado grande hoy. Pero con más fuerza que nunca es nuestro deber achicarla.

Contigo siempre, Cacique. Toda la vida.

Foto Gentileza de www.latercera.cl

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