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En la vida, todos anhelamos la justicia. Queremos poder vivir una vida justa, donde imperen valores como la bondad, la ética y la búsqueda del bien común de todos.
Los grandes problemas de la humanidad han tenido su origen en la carencia de la justicia. Cuando un grupo humano quiere ser, parecer o tener más que el otro se produce la desigualdad y ya no estamos todos felices. Sólo algunos se benefician y los otros miran. Los valientes denuncian y protestan, pero la gran mayoría calla y continúa observando y participando con su silencio en una situación sucia.
La suciedad de la que estoy hablando ha sido (parcialmente, al parecer se vienen más descubrimientos) descubierta en la denuncia que ha realizado el FBI contra la FIFA. La suciedad ha llegado con todo a nuestro fútbol. Muchos dirán que siempre ha sido así y que esto no es sorpresa. Lo sorprendente es, entonces, que nadie, hasta hoy, haya hecho algo al respecto.
Si hay algo hermoso que el fútbol tiene es que está lleno de ilusión. Juegan dos equipos en igualdad de condiciones y gana el que logra meter más goles. Hay gente que celebra y otros que no. Pero en el fútbol hay un cierto sentido de justicia que peligra cuando vemos que otros, movidos netamente por el poder y por el dinero, ponen en jaque nuestra ilusión.
Los hinchas de Colo-Colo le tenemos tirria eterna a Blanco y Negro. En mi caso, siento que son a veces ineptos en su actuar y que intentan hacer un negocio de algo que jamás lo será. El temor eterno es que al fútbol, a nuestro fútbol, se lo coma la injusticia y la ilusión se transforme en un bien transable en el mercado.
De repente Julio Barroso tiene razón. En una de esas hay gente que ya ha ensuciado a nuestro fútbol para obtener poder o dinero. Pero prefiero quedarme con el último tweet de nuestro central estrella: Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse…

















