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El otro jugador

Habiendo visto 2 partidos de Chile en la Copa América me he dado cuenta de una sola cosa, independiente de los discretos planteamientos del técnico de turno: El hincha que ha estado presente en el Estadio Nacional Julio Martínez Pradanos va a solo calentar el asiento, sacarse una selfie y comerse un barros luco de 7 lucas.

No tengo nada contra nadie que se saca fotos en el estadio, todos lo hemos hecho en el Monumental o en cualquier otro estadio en que hemos seguido a Colo-Colo. Ni tampoco si le da lo mismo pagar $7.000 por algo que en todos los estadios de Chile no vale más de $3.000.

Pero sí me molesta el hincha que va a calentar el asiento.

No quiero sentarme a juzgar a todos los hinchas, como sí lo hacen varios, diciendo que son más hinchas que otros por tal o cual cosa. Pero a mi en lo personal me molesta bastante, porque no siempre puedo ir al Monumental (Por plata, por estudios, por trabajo, por compromisos familiares impostergables, etc.) y en ese momento, cuando me arranco un ratito para mirar el CDF o escuchar por la radio y se escucha más fuerte el vendedor de bebidas, me irrito.

Me enoja porque el que sí tuvo el privilegio de pisar el David Arellano debiese entregar su apoyo al equipo, porque el que sí pudo entrar a ese templo de fútbol y glorias, debiese cantar y apoyar por todos los demás que no pueden estar ahí apoyando.

Los miles de hinchas de Calama, La Serena, Puerto Montt, Concepción y un largo etcétera, porque por algo Somos Chile, pueden ver a Colo-Colo una sola vez al año, cuando va de visita a alguna ciudad cercana y darían mucho por estar en Santiago y poder ir siempre al Monumental. Pero por razones obvias de que ningún bolsillo (ni empleador) aguantarían viajes bisemanales a Santiago a ver a Colo-Colo. El Monumental tiene capacidad para cerca de 47.000 espectadores, por lo que quedamos varios millones fuera del estadio cada semana. Por eso, su responsabilidad cuando este en el estadio es alentar por todos los que nos quedamos afuera. Hágase responsable y cante el doble, por el que no está en esa butaca para que usted sí pudiera entrar.

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