Jaime Pizarro, el Kaiser de Macul


La fría madrugada del 19 de abril y la televisión chilena obtenía un histórico rating para ese horario. ¿El motivo?, Colo Colo jugaba la recopa en el lejano Japón, al otro extremo del pacífico. Jaime Pizarro, el «6» (que ese día vestía la 10) colocolino, el capitán, el Kaiser, se pone frente al balón para el último penal, luego de un sufrido empate, alargue incluido, con los brasileños de Cruzeiro. El tiempo transcurrido, desde que el capitán albo impacta el balón hasta que la pelota ingresa al arco, no superó los dos segundo, pero debido a las características del tiro, golpe al pasto primero, impacto en el parante izquierdo después, y el balón cruzando la línea de sentencia muy lentamente, fue para todos los que estábamos a esa hora viendo el partido, una verdadera eternidad.

En la práctica lo anteriormente detallado es solo un momento, dentro de una carrera que comenzó el año 1982, año del debut en el cacique, y se prolongó hasta el año 1999, cuando se retiró del futbol profesional vistiendo la camiseta de Universidad Católica. Sin embargo los ídolos se construyen de momentos, de instantes en que su intervención cambia favorablemente el rumbo de un equipo. Ese efímero instante en Kobe, retrata todo lo que fue Jaime Pizarro como jugador en Colo Colo. Dueño de la jineta, siempre estuvo dispuesto a dar la cara en los momentos más complejos. Sin embargo, desde que decidió lucir la jineta de Capitán del equipo más grande de Chile, el tímido Jaime, el pequeño volante central, el jugador que se distinguía sobre el resto, pasó a convertirse en el Kaiser.

No hay una versión definitiva del origen del apodo, aunque la denominación corresponde a un alto rango militar en la antigua Alemania. Es que algo de eso tuvo Pizarro en su carrera, el «Kaiser» era un volante defensivo moderno y completo, muy eficaz en la recuperación del balón y dinámico e inteligente en lo que se refiere a la generación de fútbol. Agresivo en el quite, arrojado en la lucha, generoso en el despliegue y poseedor de una excelente ubicación lo transformaron rápidamente en el referente obligado de Colo Colo por lo que duró su estadía en el monumental.

Aquella noche en Kobe, vino a consagrarse como un ídolo albo, enfrentando el último penal, ese al que muchos jugadores le hacen el quite, o se borran, o simulan lesiones para no patearlo. Pero ahí estaba el Kaiser, para darle un nuevo título internacional a Colo Colo, el año anterior había levantado la Copa Libertadores como capitán, un anhelo de todo un país.

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Jaime Pizarro. Foto Copesa

En su estadía en el Cacique obtuvo 6 campeonatos nacionales, 5 copas Chile en lo local. En el plano internacional, levantó la añorada Copa Libertadores de América, la Recopa y la Interamericana. Entre los años 93 y 94 vistió las camisetas de Argentinos Juniors y Barcelona de Guayaquil, en Argentina y Ecuador respectivamente, para volver al club de sus amores en 1994, para luego volver al extranjero, esta vez a la UNAM de México.

El año 2002, en medio de la quiebra del Popular, se hace cargo del primer equipo al mando de la cabina técnica, logrando conformar un plantel, con las dificultades de una quiebra, que logró coronarse campeón de ese año, para perder las dos finales del año siguiente a manos de Cobreloa.

Su último paso por el Cacique, vino de la mano de la concesionaria que administra los destinos del club, pero esa es otra historia, que no vale la pena recordar……

 

Gracias por todo Jaime Augusto Pizarro Herrera, un ídolo que yo ví.

 

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