Por Guillermo Castro.
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Terminaba el campeonato del año 87 y el gran Roberto Rojas se despedía del arco del Cacique para seguir su carrera en el todopoderoso Sao Paulo. Se abría la incertidumbre respecto del sucesor del que fuera el, para muchos, mejor arquero del mundo. Venido desde el Unión Santa Fé Argentino, el “loro” llegaba a hacerse un nombre en el arco del equipo más popular de Chile y reemplazando nada menos que al “Condor”.
El romance con la hinchada colocolina fue casi inmediato, haciendo un partidazo en su partido debut con San Luís de Quillota y deslumbrando en un clásico frente al archirrival. Seguidor del alemán Michael Schumacher trajo al arco del Popular la tradición, que se mantiene hasta hoy, de lucir la tricota amarilla, que además se mantuvo un par de años como el regalo preferido por los niños en La Navidad, inconfundible eran los gritos de los niños, siempre reacios a ponerse al arco, gritar a viva voz, “yo soy Morón”.
Buen juego aéreo, una ubicación siempre impecable y un don de mando para ordenar la defensa eran alguna de sus características destacadas. Con actuaciones soberbias domingo a domingo se ganó un lugar privilegiado en el cariño de la hinchada.
Llego el año 1991, un año clave para todos los colocolinos, de la mano de Mirko Jozic el “eterno campeón” se consagra monarca de América, y uno de los pilares fundamentales de ese equipo fue el “Loro”. Imposible olvidar la atajada imposible, sobre la línea en el sufrido encuentro frente a Universitario de Lima. Cabezazo de “Balán Gonzalez” y el loro yendo a su derecha y salva el arco Colocolino. Se viene a la cabeza el achique mágico a Latorre en el épico partido contra Boca Juniors, o el impecable partido que jugó en la final de Ida con Olimpia en Asunción. El pueblo albo coreaba “La copa se mira y se toca”, al fin la libertadores llegaba a las vitrinas del Monumental y José Daniel Morón se consagraba como uno de los ídolos máximos de Colo Colo.
La recopa contra Cruzeiro en Kobe Japón, ojo no es la Suruga, marcó otro hito en la historia del Cacique, y por supuesto ahí estaba José Daniel Morón, siendo la figura de los 120 minutos, dejando el arco en cero y dejando el puesto para la tanda de penales, a quien a la larga sería su sucesor natural, Marcelo “Rambo” Ramirez.
Las lesiones y el delicado momento institucional, que ya presagiaba la quiebra de años después, definieron el alejamiento del Loro de la avenida Departamental, recalando en Provincial Osorno, marcando otro hito en el futbol chileno, cuando por las pantallas de TVN (Sí, es cierto, en algún tiempo hubo futbol en televisión abierta), luego de salir expulsado en la barrosa cancha del Parque Schoot, tuvo que entregar su camiseta a un jugador de campo que lo reemplazó, dejando al descubierto que debajo de la enseña que le tocaba defender, siempre llevaba consigo la camiseta del Popular, dejando en claro que para el “loro” el amor por el cacique no se transa jamas!.
















