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Por el nombre quizás no lo conozcan, pocos lo recordarán pero es uno de los primeros ídolos del fútbol chileno. Su nombre es Guillermo Subiabre, conocido también como “El Chato”. Media un metro 58, por eso el sobrenombre, razón por el cual nadie nunca le tuvo mucha fe. “¿De adónde va a jugar este?” comentaban cada vez que lo veían por primera vez. Pero faltaba que agarrase la pelota para callar todos los prejuicios; un derechazo impresionante donde los goles de volea era la especialidad de Subiabre.
Nació en Rio Negro y después de destacar en el futbol osornino pasó a incorporarse a Liverpool Wanderes de Valparaíso. Fue parte de la histórica gira a Europa junto al equipo de Colo-Colo (el cual se unió en el año 1926), donde el pequeño Guillermo respondió a la convocatoria alba, ¡y de qué manera! Le anotó tres golazos ni más ni menos que al “Divino” Zamora, el mejor arquero de todos los tiempos del fútbol español.
El historiador Sebastián Salinas afirma que “fue el primer ídolo popular de Colo-Colo junto con Francisco Arellano. David Arellano no alcanzó a vivir la gran popularidad del club como estrella de gran fama, pero uno ve en los diarios y revistas que Subiabre era un jugador seguido, popular por sus goles y con mucha celebridad. Por algo fue nombrado jugador vitalicio, sus jugadas y remates eran recordados con el paso del tiempo y era puntal del Cacique”
En octubre de 1926 se ocurre un hecho histórico liderado por “El Chato”. Con un 7-1 ante Bolivia y con una presentación fuera de serie, Guillermo Subiabre enmarcaría lo que sería la primera victoria de la selección chilena en la Copa América hecha en ese mismo año. No pasó desapercibido, ya que cuando volvió al país las arcas del futbol chileno (versión amateur) pusieron sus ojos en él. Colo-Colo fue el que ganó la pelea, logrando que vistiera los colores albos. Un 18 de diciembre sería su debut oficial con un 3-3 frente a un equipo combinado entre Wanderes y La Cruz. Era el comienzo de una leyenda.
Como ya fue mencionado antes, Subiabre fue parte de la histórica gira por Europa, donde luego de ganarle por 5 goles a 4 a la selección catalana en Barcelona corrió el mito que el mismo “Divino” Zamora (arquero que defendió al Real Madrid, Barcelona y a la selección española en el mundial del 34’) no quería volver a enfrentarse al “Chato” por los tres goles que le marcó en el Santa Laura. Según historiadores Zamora se tiró al suelo y empezó a llorar ya que nunca habían perdido dos partidos contra el mismo equipo.
Su leyenda creció aún más en el mundial de Uruguay en el año 1930. Luis Monti, imponente zaguero central de un metro 19 de la selección chilena, fue el que sufrió no con goles sino con golpes del “Chato”. La historia es simple. Luego de estar todo un partido recibiendo “entradas fuertes pero leales”, Subiabre se aburrió y lo fue a cobrar justicia con sus propias manos. El mismo Guillermo lo recuerda así; “Salté para parar con el pecho la pelota y el argentino me dio un puntapié que me hizo caer medio muerto. Me levanté del suelo, y con toda la rabia que me producía el dolor del golpe, le fui a decir que no siguiera pegando, y me echó a volar a mi mamá, metiendo hasta mi bandera en la pelea. Me enceguecí y le tiré el puñete. Vi que se derramaba esa mole y que luego lo paraban y se volvía a caer, como billete viejo.” Para curiosidad de todos, esta riña tuvo dos ocasiones en el partido donde en la segunda se necesitó de la ayuda de la policía uruguaya para separarlos. Como el fútbol estaba en sus primeros pasos “El Chato” no fue expulsado del encuentro a pesar de sus dos brutales agresiones.
Este delantero llenó una época de Colo-Colo en los primeros años del profesionalismo, siendo un “romperredes” de insignes de fama popular y que también, a punta de goles, supo ganarse un lugar en el corazón de la hinchada alba.