PASIÓN ALBA | Goleador de Todos los Tiempos

image

«De puntero izquierdo evolucionó hasta convertirse en mediocampista inolvidable. Quizás junto a Enrique «Cua Cuá» Hormazábal, su maestro, sea el jugador más dotado técnicamente de nuestra historia.”
La memoria colectiva tiene a Francisco Valdés como el prototipo del mediocampista talentoso, de amplia visión periférica, capaz de hacer jugar a sus compañeros y demostrar a través de un toque que el fútbol se trata de inteligencia y técnica. No se distinguía si era diestro o zurdo, de igual manera sus pases de 30 o 40 metros llegaban con tal precisión que tan solo presenciando eso se podía admirar singular categoría».

El 26 de enero de 1961, Colo-Colo enfrentaba a Cerro Porteño por un cuadrangular venariego. El partido era estrecho, hasta que en el minuto 64´ un joven desconocido entra a la cancha reemplazando a Bernardo Bello. De desconocido a ídolo en un minuto, ya que el primer balón que toca es para anotar el gol de la victoria alba. Era el debut del “Chamaco” por los albos.

El talento sensibiliza y emociona. Razón para explicar el cariño que de inmediato recibió de la afición. Fue ídolo al instante, aunque también muchos lo resistieron. Colo-Colo fue campeón en 1963, anotando la histórica cifra de 103 goles, y Valdés se erigió como una de las figuras en un ataque que lucía a «Cua Cuá» Hormazábal, Mario Ortiz, Mario Moreno, Luis Hernán Álvarez y Bernardo Bell (jugador al que reemplazó en su primer partido).

Los años siguientes no fueron gratos para Francisco. Participó en el mundial de 1966 donde no jugó ningún partido. Se dice que el plantel estaba dividido entre los tres grandes de Chile (Universidad de Chile, Universidad Católica y Colo-Colo). A partir de eso tuvo el quiebre con Luis Álamos, criticando duramente por no utilizarlo en los partidos en Sunderland y Middlesbrough. Pésimo final de década para el “Chamaco”.
Para ponerle la guinda de la torta a esos últimos años, los dirigentes lo consideraban como un “líder negativo”. Chamaco siempre como capitán defendía los derechos de sus compañeros en Colo-Colo, razón por la que lo enviaron a Unión Española. Manteniendo sus virtudes por muchos años, Valdés estuvo lejos del escenario principal. Hasta 1972, año donde el quiebre con Álamos pasó a la historia. «Te necesito como caudillo, voy a formar un equipo para ganar el campeonato, la Copa Libertadores, que será la base de la selección para llegar al Mundial, pero tienes que entrenar y bajar de peso”, le dijo.
No mucho pasó para que ya en ese mismo año Chamaco volviera a ser figura. Campeón aquella temporada de manera indiscutida y, en medio de la convulsión política más grande del país, el cuadro albo rozó el sueño con la final de la Libertadores 73´. “No se pudo ganar, porque nos robaron, simple” comentó después. Aquella herida se sanará cuando en 1991 Colo-Colo alzara la Copa. Aquel año también será recordado por ayudar a dos de sus compañeros, Hugo Lepe y Mario Moreno.

Una pequeña revancha vivió meses más tarde, cuando capitaneó a la selección nacional que clasificó a la Copa del Mundo de Alemania ’74. Con la base del plantel albo, tal como le dijo el mismo Álamos años atrás, Chile eliminó a Perú y Valdés fue protagonista. La confianza de sus compañeros queda graficada en el poder que le otorgaban para negociar los premios. «Siempre me tiraba con el tejo pasado, incluso pidiendo más de lo que acordábamos con los muchachos y los dirigentes de esa selección».

Valdés es el máximo artillero del fútbol chileno, y de Colo-Colo por torneos oficiales con 180 goles (178 en 353 partidos por el campeonato nacional más 1 gol por la Liguilla Pre-Libertadores y un gol por la definición del quinto lugar del Torneo Metropolitano 1968) y el máximo goleador por Copa Libertadores con 20 tantos en 44 cotejos. Toda una hazaña para un mediocampista, que además era un excelente habilitador.

Para la historia chilena Chamaco será recordado como le describían; “Tipo simple Chamaco, de sonrisa fácil y trato campechano, hoy transmite sus enseñanzas a los niños en su escuela de fútbol. Ni siquiera sus dolencias cardíacas lograron alejarlo de la pasión de toda su vida. La misma que empezó a crecer en la polvorienta cancha de la población Juan Antonio Ríos, donde hace más de cincuenta años un flaquito pequeñito demostraba que con la pelota ya sabía un montón”

Foto Gentileza de www.albocampeon.cl