Desde el momento en que se gana un campeonato, junto a la celebración, ganas una invitación, una entrada a la fiesta más linda de América donde un puñado de equipos danza en la pista mostrando al resto sus mejores pasos. Algunos bailan electrónica, otros tango, hay otros que no saben bailar pero se esfuerzan, otros atemorizados en las esquinas como jóvenes con baja autoestima solo miran la hora para partir a casa, otros muestran elegantes pasos de ballet a un ritmo lento pero que genera respeto por sus movimientos cargados de elegancia.
Autor | Sadrach Abarzua Follow @Sadrach
El estilo de música no es el importante, sino cómo lo ejecutas. Es en la individualidad de los integrantes de tu cuerpo de baile donde recae la tarea de imponer todo paso diseñado por el coreógrafo. Eludir cada swing y cada movimiento, requiere de una profunda concentración y entrega total. El cambio de ritmo se hace una necesidad imperante, la velocidad para cruzar de un lado al otro la pista sin error en cada zancada se transforma en un espectáculo visual alucinante que acelera nuestro ritmo aún más rápido de lo que ellos pueden ejecutar el movimiento.
Cuando la melodía es idéntica para ambos grupos, la forma de interpretar la sinfonía difiere para los intérpretes. Todos tenemos oídos, pero no podemos escuchar de la misma forma, algunos ni siquiera pueden oír lo mismo -yo por ejemplo, tengo hipoacusia-, entonces ¿cuánto más difícil ha de ser que en la coreografía todos bailen lo mismo?
En la pista solo hay un juez para la competencia que se pasea entre los participantes otorgando su aprobación cada vez que cruza el monumento del triunfo, dicen los ritmos actuales que esos con quienes el juez pasa más tiempo ganan la batalla. La verdad, hemos visto en múltiples oportunidades como hay grupos que danzan a la ronda hasta que uno se ríe y envía el ritmo al cuartel, haciendo que salte el DJ y haga sonar un rock clásico en el cual el rival aprovecha con 3 pasos y el juez baila con ellos otorgando la anotación necesaria. ¡Lo hemos visto, lo hemos vivido, sufrido y llorado! como el ritmo de una guaracha sucumbe ante chispazos del tango o la alegría de un samba.
Nos enseñan a desearte, a ser el anhelo de toda América, la más linda de la fiesta, a la que muchos cambiarían su harem nacional por pasar solo una noche de fiesta contigo. Formar un vínculo romántico para llevarte a bailar por las pistas de todo el mundo durante un año, un año mágico junto a ti sin importar el qué dirán, quien pierde o gana más, lo importante, es estar contigo. Luego viene la separación, aunque siempre con la esperanza de bailar juntos por un año más. El problema es que, a quienes tuvimos la dicha de tocarte, no nos enseñan como olvidarte – Arjona style-
Las noches de baile en la copa son mágicas, cada noche es una oportunidad para el reencuentro, por eso como dijo el poeta de la radio, debemos vestirnos de Frac. Sacar nuestras mejores ropas, perfumarnos, llenarnos de amor y esperanza para verte avanzar.
La fiesta está dispuesta. ¿Bailemos un vals dirigido por el director Sierra? ¡Te queremos apretar con cariño!, ¡queremos derramar una lágrima!, ¡porque nos costó tanto! solo espera por nuestras estrellas de la danza. Confío en que ellos podrán con su pavoneo por la pista volver a conquistar tu cariño. Coqueta novia de América.
-¡Coqueta novia de América!-
Esto no pretende ser una analogía ni un cuento explicativo (eso lo hace muy bien la gran Nicole Acuña en su columna Cuentos Albos) tan solo quiero expresar como la música y el fútbol se relacionan en más de un ámbito. Ambas son tan populares porque llenan de alegría y son simples de disfrutar. Con el futbol solo necesitas algo parecido a una pelota para jugar, con la música una simple melodía, que puedes hacer con tu boca, tus manos o lo que sea.
Hasta la próxima semana, si Arellano quiere. ¡Abrazo de Campeón!

