EL FUEGO DEL CAMPEÓN | Autogobierno

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Hoy me instalé a verte, querido Cacique, como siempre (cuando juegas lejos). Sola, en silencio, con el televisor a todo volumen, mirando fijamente las caras de los jugadores antes de salir del túnel a la cancha. Siempre confiando, siempre creyendo, siempre deseando que ganes con fervor.

Y hoy ganaste. Con dos goles. Los dos bien bonitos (el de Fierro, un lanzamiento lleno de fuerza, de rabia, quizás, que hizo sonar las redes). La gente en Concepción, que tiene la fortuna de verte en vivo sólo dos veces al año, estaba dichosa. Alentaron todo el partido con muchas ganas.

¿Para qué? Para nada.

En la semana me sorprendí de las declaraciones de varios que estaban cansados con el cuerpo técnico. Con lo asqueroso que está el periodismo hoy en día, lo único que hicieron fue darle maní a los monos. Toda la semana se habló de Colo-Colo, nada de lo que hacían en la cancha, sino que del camarín quebrado, del cuerpo técnico que no da para más, que los referentes no le hablan, que nadie pesca a los más jóvenes… Un desastre.

Hoy Gonzalo Fierro dijo (y lo voy a citar): “Son cosas externas, nosotros como plantel estamos unidos con el cuerpo técnico. Quizás las cosas se malinterpretan, de repente en caliente se hacen declaraciones, a veces la cosa funciona y a veces no. Nunca nos hemos llevado mal con el cuerpo técnico. Lo importante es que el equipo está vivo y quiere pelear hasta el final”.

Entonces, Gonzalo, lo mínimo que les pedimos es que se autocontrolen al hablar. Al jugar. Al hacer su trabajo. Si no tienen ningún problema, ¿por qué hoy nos encontramos con virtualmente nulas chances de ser campeones? ¿Por qué hubo jugadores que insinuaron en sus declaraciones que sí había problemas? Tu acabas de decir que no los hay, que todo está bien. ¿Quién miente? ¿Por qué no dicen la verdad?

Cuando ustedes se equivocan, hablan de más o hablan de menos, cuando no corren esos últimos metros y cuando no dejan la vida en la cancha, somos MILLONES los que sufrimos con ustedes. Creo que me merezco algo de honestidad, de trabajo real, de esfuerzo. Todos los queremos cuando ganan, los seguimos queriendo cuando pierden. Es en el cariño que les tenemos desde donde nace la rabia que nos da no verlos campeonar. Si no los quisiera como los quiero, no estaría escribiendo esto.

15 fechas, en por lo menos unas 20 semanas. ¿En ningún momento pudieron hablar con el cuerpo técnico para, por ejemplo, decir que entrenaban poco y que podían entrenar más? ¿Cuántos de ustedes se quedaron una horita más trotando, unos minutos más chuteando al arco? ¿Cuántos, en vez de quejarse y hacerle comentarios a los sapos de los periodistas, hicieron algo para arreglar sus molestias o solucionar las diferencias? Un grupo humano sólo crece cuando es capaz de avanzar juntos, cuando son capaces, todos juntos, de solucionarlo todo. Pero para eso hay que autogobernarse. Y en esta pasada, parece que estamos lejos de eso.

Ahora, francamente, quiero empezar a pensar en el segundo semestre. El último partido hay que jugarlo con todas las ganas, porque hay que ganarlo. Sin embargo, ya hay que empezar a repensar esto. Tomar decisiones. Decir lo que no gusta. Encontrar soluciones. Encontrar el camino, porque el único camino que Colo-Colo puede recorrer es el de ser campeón.

Nada más.

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