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De ser campeón y pasar nuestro grupo en la Libertadores llegamos a esto. No solo nos despedimos de ambos torneos de forma nefasta, horrible, ya que lo más preocupante es que lo luego del triunfo ante Universidad de Chile en el Estadio Nacional, en ese ya lejano 14 de marzo, el equipo de derrumbo de forma inexplicable. No hubo fútbol y el campeonato chileno con la Copa Libertadores fue una farra.
Por Patricio Vásquez
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Estadio Nacional, caseta de transmisiones 1. Así viví el último clásico del fútbol chileno. Un nervio que se apoderó de mí desde el momento en que Eduardo Gamboa dio el inicio del encuentro. No fue un partido fácil, ya que Colo Colo empezó desde atrás tras el tanto de Sebastián Ubilla, pero en el segundo tiempo Paredes puso las cosas en su lugar y nos dio el triunfo en el último minuto tras un dudoso penal de Corujo (Una redención para mí, ya que meses atrás en esa misma caseta vi como Universidad de Chile se coronaba campeón, con un penal igual de polémico).
La fecha 11 terminaba y Colo Colo, luego de un inicio desastroso, se hacía con el primer lugar del torneo a falta de 6 por jugar. Era nuestro. En el horizonte aparecía Unión La Calera y Cobresal en el Estadio Monumental. Nuestra casa, nuestro hogar, nuestro campeonodromo. Pero algo paso, se perdió contra dos rivales a los que la historia obliga ganar jugando como local. Lo peor, de forma inexpugnable, merecidamente. Algo pasó, no había fútbol en el césped del Monumental.
Hay sacar conclusiones, ya que luego del triunfo ante la U, solo se ganó un partido de los 4 que le seguían en el torneo local. Fue un 1-0 insípido ante Audax en La Florida. Demasiado pobre. 4-1, 2-1 y 3-0 fueron las derrotas en Pedrero, ante los ya mencionados La Calera y Cobresal, y el último ante la UC. Así nos despedimos del campeonato, de forma penosa, un torneo que parecía ganado tras el triunfo ante los azules. Y ese deseo no era gratis, el equipo tenía jerarquía, el grupo de jugadores de la Fundación Las Rosas era un equipo mañoso, con oficio y paciencia para ganar, además de tener en frente un fixture más que accesible.
La Copa Libertadores es un capítulo aparte, donde se ganó de forma brillante al Atlético Mineiro en la primera fecha en el Estadio Monumental. Se veía todo bien encaminado, pero la derrota por 3-1 ante Santa Fe en Colombia frenó un poco las cosas. El rival jugaba bien y era de un país al que históricamente al fútbol chileno le ha costado vencer. Se volvió al triunfo al vencer de local, de forma trabajada, al Atlas de México por 2-0 con otra jornada mágica de Paredes.
Lo mejor estaba por venir. Un sólido, copero y gran triunfo de nuevo ante el Atlas, pero ahora de visita en el Estadio Jalisco. Un 3-1 merecido, donde nuevamente ese equipo de viejos resulto ser uno con oficio y lleno de mañas, todas las necesarias para triunfar en la Copa Libertadores. Pero faltaba mucho para los abrazos, que al final los tuvimos, o de alegría, sino de lamento.
Se recibía al Independiente de Santa Fe con la primera opción. Era un empate para pasar por fin la ronda de grupos de la Copa Libertadores. La historia es sabida. Un 3-0 en contra que pudo ser por más de no ser por la impericia de los jugadores colombianos. Se pudría todo y había que buscar la clasificación ante el Mineiro en Brasil.
Lo de ayer, en cualquier circunstancia de la vida, a lo mejor se veía como una derrota cualquiera. Un equipo que aguantó frente a uno superior, que cayó sin mucho debate, pero la diferencia es que era en un duelo de vida o muerte para clasificar. Eliminados. Se cierra un semestre que tras el triunfo ante el clásico rival parecía ir para otro rumbo, no para lo que estamos viviendo ahora.
Así las cosas. Nada más que hacer. Se cierra esto, no como la forma en que pensamos todos. No como hubiésemos querido. De ser campeón estamos ahora lejos de poder bajar la 31, tal vez no matematicamente, pero si en la cancha, donde en un mes, el de abril, el mes colocolino por excelencia, no se pudo dar el ancho con todo lo que se jugaba este equipo. Eliminados de la Copa Libertadores, de forma insólita, luego de haber podido sellar la clasificación, no ayer, si no que en el Monumental, en nuestra casa, la semana pasada. Es así, fue una farra.
















